Nadie en su sano juicio rechazaría una invitación a la cena de gala organizada por CFT Global.
Cuando Vera llegó al salón de eventos, la familia Ayala ya estaba allí. Guiándose por el número de mesa que le había enviado su asistente, comenzó a buscar su lugar.
Alfredo Ayala la vio entrar y se acercó a interceptarla de inmediato.
—Vera.
Ella se detuvo y lo miró sin decir una palabra.
—Hoy también vino Ofelia, así que cuando pedimos los pases a los organizadores, no incluimos tu nombre.
Al ver que Vera seguía en silencio, Alfredo añadió:
—Supongo que tienes un asiento reservado para empleados, ¿no?
Vera asintió con indiferencia.
—Sí.
En sus manos llevaba una elegante caja de regalo. Alfredo la miró de reojo y un destello de sorpresa cruzó por su rostro.
Reconoció de inmediato el empaque exclusivo de una de las marcas de relojes de lujo más prestigiosas del mundo. Era una edición personalizada, y sabía que un detalle así no costaba menos de medio millón de pesos.
Frunció el ceño y su tono se volvió severo.
—No deberías usar el dinero de la familia para comprar relojes tan caros.
Vera levantó una ceja. Aquel reloj lo había mandado a hacer especialmente para Alfredo antes de regresar al país.
Si lo había llevado a la gala, era simplemente porque no quería tenerlo en su casa. Su plan era entregarlo al departamento de recursos humanos para que lo sortearan como un regalo corporativo.
—CFT Global me paga un excelente salario. ¿Por qué asumes que lo compré con el dinero de los Ayala?
Su frialdad y el sarcasmo en su voz descolocaron a Alfredo por un segundo. Aclaró su garganta y cambió de tema.
—A Ofelia no le gustan estos eventos, así que es probable que se vaya temprano. Puedes venir a sentarte con nosotros después.
—De acuerdo.
Vera respondió de forma cortés pero vacía. Jamás había tenido la intención de sentarse con ellos.
Prefería regalárselo a un cliente al azar en nombre de la empresa antes que entregárselo a Ofelia.
Patricio no apartaba la vista del reloj, visiblemente distraído. Ofelia, al notarlo, alzó la voz de inmediato.
—¡Es solo un reloj estúpido! ¿De verdad crees que lo quiero? Gastas mi dinero y encima eres una egoísta. Si no me lo quieres dar, con más razón me lo voy a quedar.
Ofelia adoptó una actitud prepotente. Teniendo a dos hombres respaldándola a cada lado, se sentía intocable.
Vera sonrió con desdén. Estaba a punto de levantar la mano para ponerla en su lugar, cuando escuchó una voz profunda a sus espaldas.
—Vaya par de hermanos abusivos. Qué orgullo para su familia acorralar a una mujer así.
Hugo Heredia apareció de la nada, atravesando al trío con una presencia imponente. Se colocó frente a Vera, usando su altura y su aura de autoridad para crear una barrera infranqueable entre ella y los demás.
—Hacía viento cuando salimos, así que traje esta bufanda. El aire acondicionado aquí está muy fuerte, póntela para que no te resfríes.
Ignorando por completo a los tres intrusos, Hugo sacó una elegante bufanda de una bolsa y se la colocó sobre los hombros. Al mismo tiempo, tomó la caja del reloj de sus manos con total naturalidad.
—Por cierto, me encantó este regalo. Gracias.

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