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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 25

Vera alzó la mirada y dejó escapar una sonrisa encantadora.

Al ver cómo Hugo Heredia la defendía una vez más, Ofelia apretó los dientes, sintiendo que la sangre le hervía.

—¡Claro! Solo sirves para gastar el dinero de nuestra familia y lamerle las botas a otros.

Ofelia gritó a propósito, sin intentar bajar la voz, atrayendo las miradas de varios de los invitados.

Sin embargo, segundos después, se dio cuenta de que la gente no estaba mirando a Vera con desprecio... la estaban mirando a ella.

Ofelia parpadeó, confundida. Vera, por su parte, dirigió su atención hacia la entrada del salón, donde acababa de ingresar una fila de empleadas del evento.

—Parece que los encargados de vestuario de CFT tienen muy buen gusto. Qué casualidad que coincidieran exactamente con el vestido de la señorita Ayala.

La voz de Vera era suave y amable, pero a los oídos de Ofelia sonó como un latigazo.

Instintivamente, volteó hacia la entrada. Su mandíbula cayó.

¡Todas las empleadas de CFT llevaban puesto exactamente el mismo vestido rojo que ella!

¡¿Cómo era eso posible?!

—¡Seguro CFT le compra ropa pirata a sus empleados! —gritó Ofelia, perdiendo los estribos.

El salón entero se sumió en un silencio incómodo. Hasta ese momento, solo algunos murmuraban sobre la coincidencia del vestido, pero con su grito, todos se dieron cuenta de que la «señorita de la alta sociedad» iba vestida igual que las camareras.

Vera se ajustó la bufanda sobre los hombros, caminó hacia su asiento en la primera fila, se sirvió una copa de agua con total elegancia y se dispuso a disfrutar del espectáculo.

Ofelia armó un escándalo monumental, exigiendo que sacaran a las empleadas y quejándose a gritos.

—Lograr que Maison Carole convierta un vestido de edición limitada en un uniforme de línea económica... Tienes formas muy creativas de vengarte.

Hugo se sentó a su lado y le sirvió más agua. Vera sostuvo la copa, irradiando una confianza inquebrantable.

—Que haya vuelto sola al país no significa que no tenga aliados poderosos moviendo hilos por mí en el extranjero.

Vera alzó una ceja, observando la rabieta de Ofelia con puro entretenimiento.

Esa sonrisa fugaz no pasó desapercibida para Alfredo, quien frunció el ceño y se acercó a grandes zancadas.

—Ven conmigo.

Alfredo la tomó del brazo para levantarla, pero Vera se soltó con un tirón.

—¿A dónde crees que me llevas?

Capítulo 25 1

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