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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 26

—¿Desde cuándo te gusta tanto regalarle relojes a los hombres? —preguntó Patricio, con el rostro ensombrecido.

Vera lo miró fijamente y respondió con un tono cargado de doble intención:

—También intenté regalarte uno a ti.

La expresión de Patricio cambió drásticamente. Recordó que hace unos años le había mencionado que su primo Hugo había comprado un carísimo brazalete de sándalo rojo en una subasta, y él había confesado sentir envidia.

Poco después, Vera le había comprado un reloj lujoso, diciéndole que un reloj iba mucho mejor con su estilo.

Pero en ese momento, él estaba molesto y consideró que usar un reloj «común» frente al brazalete millonario de su primo sería motivo de burla, así que lo rechazó sin pensarlo.

—En ese entonces éramos novios. ¿Qué tipo de relación tienes ahora con mi primo? —Los celos ardían en los ojos de Patricio—. ¿Acaso le regalas relojes a cualquier hombre que se te cruce por enfrente?

—Es solo un reloj. No significa absolutamente nada. Se lo doy a quien lo quiera.

Las palabras de Vera fueron un dardo venenoso. Hablaba del reloj que acababa de darle a Hugo, pero también del que Patricio le había regalado en el pasado y que él mismo le había exigido que devolviera hace poco.

Patricio, furioso al verse acorralado, notó que ella intentaba irse y, en un impulso, la acorraló contra la pared.

—Dime de una vez qué tienes con mi...

Antes de que pudiera terminar la frase, una fuerza brutal lo arrancó de su lugar. Antes de darse cuenta de quién era, un puñetazo implacable se estrelló contra su mandíbula.

—¡Maldita sea! ¿Qué imbécil se atreve a golpearme? ¿No sabes que soy...? ¿P-Primo?

El Patricio arrogante y furioso se encogió aterrorizado al reconocer la imponente figura de Hugo parado junto a Vera.

Se llevó la mano a la mejilla hinchada, mirando a los dos con ojos llenos de miedo y confusión.

—Tienes novia. Si has olvidado las reglas de respeto de la familia Heredia, regresa a la casa principal y arrodíllate a darle explicaciones a tu abuelo.

La voz de Hugo era baja, profunda y vibraba con una furia contenida.

—Lo siento, primo —murmuró Patricio, bajando la cabeza, sin atreverse siquiera a mirarlo a los ojos.

Hugo se volvió hacia Vera y su tono cambió radicalmente, volviéndose suave y protector.

—¿Te asustó? Te ofrezco una disculpa. Mi familia no lo ha educado como se debe.

Vera se acomodó la bufanda y el cabello, y negó lentamente con la cabeza. Pasó por un lado sin dedicarle a Patricio ni una sola mirada.

Hugo caminó detrás de ella. Al pasar junto a su primo, le lanzó una mirada gélida por el rabillo del ojo.

Capítulo 26 1

Capítulo 26 2

Capítulo 26 3

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