Después de que le curaran las heridas, Patricio recibió el consuelo de Ofelia. Cuando le contó que Hugo lo había golpeado por culpa de Vera, ella estalló de furia.
—¡Vera Ayala es una abusiva!
Mientras Ofelia aplicaba la pomada con cuidado, notó un trozo de papel atrapado bajo la capucha de su sudadera.
Lo sacó para tirarlo a la basura, pero Diego, que había llegado junto a Alfredo, la detuvo.
—¿Qué es esto?
Diego frunció el ceño, sus ojos reflejando sorpresa.
Ofelia hizo una mueca de asco.
—Solo es papel basura.
Diego la miró de reojo, sin molestarse en responderle. En lugar de eso, se giró hacia Alfredo.
—Míralo tú mismo.
En aquel trozo del tamaño de media palma, había impreso una pequeña parte de la descripción del equipo.
Alfredo se quedó paralizado.
Rápidamente le dio la vuelta al cartón. Sobre los elegantes patrones, había marcas apenas perceptibles.
De inmediato, Alfredo miró a Patricio.
—¿Sabes de dónde salió esta tarjeta?
—Vera la falsificó para engañar a mi primo —dijo Patricio con una risa gélida.
Ofelia se unió al reproche:
—Esa sinvergüenza es capaz de cualquier cosa con tal de lograr lo que quiere.
Alfredo frotó el papel destrozado entre sus dedos y habló con voz grave:
—No creo que sea falso. Tiene un relieve único, es el sello de agua de seguridad del Consorcio Castillo.
—¿Un relieve? ¡Cualquiera puede falsificar eso! ¿Eso prueba que no es falso?
Ofelia hizo una mueca de desdén. Ella se negaba a creer que Vera tuviera el poder de relacionarse con el Consorcio Castillo.
Diego, con gesto de impaciencia, jaló a Alfredo hacia afuera.
—Alfredo, tú mejor que nadie sabes lo que significa conseguir esta información antes de la presentación —dijo Diego en voz baja.
—Hermano mayor, ¿tan importante es ese papel?
Ofelia volvió a su faceta dulce y sumisa. Alfredo despertó de su trance y le respondió con una sonrisa cálida:
—No es nada, Ofelia. No te preocupes por estas cosas. Tú solo tienes que encargarte de ser nuestra feliz princesa.
Mientras él estuviera vivo, Ofelia no tendría que preocuparse por el dinero.
Ofelia esbozó una amplia sonrisa e indagó:
—¿Entonces irás a buscar a Vera Ayala por esto?
Alfredo se sumió en el silencio. No sabía qué decir, ni mucho menos qué decisión tomar.
—Si es por el bien de la familia, no me importa que vayas a verla. Además, tú creciste con ella, pasaron más tiempo juntos. Son más hermanos de lo que somos tú y yo.
Ofelia bajó la mirada, mostrando tristeza, lo que inmediatamente despertó la lástima de Alfredo.
Sabía que su hermana estaba llena de inseguridades, por lo que se apresuró a consolarla:
—Tranquila, Ofelia. No la buscaré por esto. Tú eres mi única hermana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca