En su camino hacia el corporativo de la familia Heredia, el auto de Vera fue abruptamente bloqueado por otro vehículo.
—Baja del auto, tenemos que hablar.
Patricio Heredia estaba de pie junto a su ventanilla, utilizando un tono que no admitía réplicas. Ofelia Ayala estaba aferrada a su brazo, luciendo una actitud posesiva, como si estuviera marcando territorio.
—No tengo tiempo —respondió Vera, serena e indiferente.
Ofelia frunció el ceño, perdiendo los estribos.
—Te lo pregunto directamente: ¿dónde escondiste a Hernán Kallas? ¿Sabes que sus padres están en nuestra casa exigiendo respuestas? Entrégalo ahora mismo. Si este escándalo sale a la luz, no podrás cargar con las consecuencias.
Vera arqueó una ceja ligeramente. ¿Hernán había desaparecido?
—No te hagas la inocente —siseó Ofelia, fulminándola con la mirada—. ¿No decías que querías pagarle a la familia Ayala todo lo que hicieron por ti? ¿Es así como les pagas, atrayendo problemas? Mi madre fue la que me pidió que viniera a buscarte hoy. Si no me crees, haré que venga ella misma a exigírtelo.
Al escuchar esa patética amenaza, Vera no pudo evitar soltar una carcajada.
—¿De verdad crees que mencionar a tu madre hará que te obedezca?
Creer que podían chantajearla usando la excusa de los «años de crianza» era simplemente ridículo.
—Vera, el hecho de que Hernán te drogara todavía es un secreto a voces. Si esto se hace público, la única que perderá su reputación serás tú. Si nos sentamos a arreglarlo ahora, será mejor para todos.
Patricio intervino con el rostro sombrío. Muy en el fondo, lo que realmente quería saber era si Hernán había logrado salirse con la suya aquella noche.
—Aun si se hace público, ¿qué pasa? Si la familia Kallas tiene pruebas de que me drogaron, eso los convierte en criminales. Si no las tienen, es difamación. ¿De qué manera me perjudica a mí? —Vera permaneció cómodamente sentada en su auto, esbozando una sonrisa burlona—. Es solo la familia Kallas. ¿De verdad creen que les tengo miedo?
Ofelia, enfurecida, intentó abrir la puerta del auto a tirones, pero los seguros estaban puestos. Por más que rabiara, no logró nada.
Patricio empezaba a perder la paciencia. En ese momento, Valeria Ponce llegó corriendo, agitada.
—Vera, quiero hablar contigo.
Vera la observó con una mirada profunda y compleja, sin decir una palabra.
Valeria jugueteó nerviosa con el borde de su blusa. Sus ojos estaban llenos de culpa y remordimiento cuando la miró.
—Sube —ordenó Vera.
En realidad, Vera quería saber por qué Valeria había decidido ayudar a un tipo como Hernán. Conociendo su carácter, no era propio de ella ser cómplice de algo tan retorcido.
Valeria corrió de inmediato al lado del copiloto. Al ver esto, Ofelia intentó jalar la puerta trasera para colarse.
—Dile a la familia Kallas que los veo en el Café Argento.
Vera le lanzó una mirada glacial. Ofelia se congeló al instante y soltó la manija, sintiendo un leve temor irracional.
—¡Yo… yo no dije ninguna mentira! Si nadie cometió un delito, ¿por qué arrestaron a esas personas?
Patricio se dio cuenta de que había perdido el control y respiró hondo para calmarse.
Recordó que Ofelia tenía en su poder información detallada sobre el regreso al país del presidente del Consorcio Castillo, así que reprimió su enojo.
—No vuelvas a decir ese tipo de cosas en público. Legalmente, Vera sigue bajo el apellido de la familia Ayala. Si algo le pasa, será una mancha para tu familia, y hasta tú terminarás siendo el centro de los chismes.
Ofelia entrecerró los ojos, sospechando que Patricio solo estaba buscando excusas.
—Si no me crees, ve y repítele exactamente eso a tu hermano Alfredo.
Ofelia tragó saliva. No se atrevería a ir con Alfredo. Aunque su hermano mayor la mimaba, también era el más estricto. Con solo escucharla hablar así, sin importar a quién estuviera difamando, la castigaría severamente.
—Iré a casa a decirles a mis padres que no tienen de qué preocuparse.
Ofelia se dio la vuelta, sonriendo maliciosamente. Era la oportunidad perfecta para contarles a sus padres cómo Vera había sido drogada y humillada.
La familia Kallas estaba desesperada, su hermano Santiago sabía muy poco del tema, y si no fuera porque Patricio movió sus hilos, ella misma no sabría nada de esto.
Cuando sus padres y hermanos se enteraran, odiarían y despreciarían aún más a Vera.
Quizás incluso usarían eso como excusa perfecta para echarla del país para siempre.

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