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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 92

La Mansión Castillo estaba ubicada en la zona más exclusiva del centro de Ciudad Luzara, y contaba con el sistema de seguridad más avanzado del país.

Don Fernando Castillo paseaba por el jardín cuando vio entrar el elegante vehículo. Una enorme sonrisa iluminó su rostro.

—¡Ah! ¿Eres tú, muchacho insolente? ¿Y mi niña? ¿No dijiste que la traerías? —preguntó, y su expresión afable se tornó severa al instante—. Tu madre cocinó personalmente hoy. Si Vera no viene, es capaz de echarnos a los dos a la calle.

—¡Padrino, ya llegué! —exclamó Vera, bajando del auto con una sonrisa radiante y saludando con la mano.

Hugo bajó detrás de ella, sin poder apartar la mirada. Rara vez la había visto tan vivaz y alegre.

—Buenas tardes, Don Fernando. Soy Hugo Heredia —se presentó, ajustándose el saco y acercándose con respeto.

La sonrisa que Don Fernando le había dedicado a Vera se esfumó por completo al mirarlo.

—El actual líder de la familia Heredia —murmuró el patriarca con frialdad.

—Y también el marido de Vera Ayala —añadió Hugo, con un tono impregnado de orgullo y felicidad. Ante la mirada atónita de Don Fernando, remató—: Ya firmamos el acta de matrimonio.

—¡¿Qué?!

Don Fernando frunció el ceño, escrutando a Hugo de pies a cabeza. Lanzó un bufido de desdén, se dio la media vuelta y entró a la casa sin decir una palabra más.

Mateo negó con la cabeza, resignado.

—No te lo tomes a pecho. Vera es su ahijada consentida. Tuvo que pelearse con medio mundo para ganarse ese derecho, así que es normal que no le agrades.

Hugo se sorprendió un poco. Conocía la reputación del Consorcio Castillo.

Era una familia de linaje militar y médico inquebrantable. Habían fundado el primer hospital de alta especialidad de la ciudad, y Don Fernando era un hombre cubierto de medallas y condecoraciones. ¿Con quién habría tenido que pelear un hombre de su talla para apadrinar a Vera?

—Quizás... ¿deberías irte por ahora? —sugirió Vera con cautela. La reacción de su padrino había sido moderada, pero su madrina era mucho más sobreprotectora. Cuando vivía en el extranjero, si Vera no comía bien un día, Mateo recibía regaños durante tres.

Hugo levantó una ceja y sonrió.

—¿Qué clase de hombre huye de la casa de sus suegros en el primer intento?

Capítulo 92 1

Capítulo 92 2

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