A medida que los artículos desfilaban por el escenario, Vera ignoró la apuesta con Ofelia y se dedicó a pujar por piezas que le gustaban o que consideraba buenos regalos.
Cada vez que Vera ganaba un artículo, Ofelia le lanzaba una mirada de desdén.
—Seguro está tratando de aparentar que tiene dinero —murmuró Ofelia. Al notar que Patricio no le respondía, se volteó y vio que él no apartaba la vista de Vera.
Vera se inclinaba a cada rato para hablar al oído de Hugo, y él, de forma casi instintiva, le tomaba la mano con suavidad.
Los ojos de Patricio se oscurecieron. Él conocía a Vera; siempre había sido una mujer de límites marcados. En el pasado, por muy bien que su primo la tratara, ella siempre mantenía una distancia respetuosa.
Pero ahora... parecía que esa barrera había desaparecido.
—Patricio, mi amor... —lo llamó Ofelia, tirándole del brazo con tono meloso.
Patricio salió de su trance y respondió con frialdad:
—Presta atención. Ya casi es el turno del Anillo de Diamante Azul.
Los diamantes azules eran extremadamente raros, y el que se subastaba esa noche era de un color vibrante y de una pureza impecable.
Solo por su tono, un quilate podía costar una fortuna. Pero este anillo en particular ostentaba un diamante de treinta quilates, convirtiéndolo en una pieza única a nivel mundial.
—El precio inicial para este Anillo de Diamante Azul es de dieciocho millones de pesos —anunció el subastador.
Ofelia lanzó una mirada desafiante a Vera antes de levantar su paleta.
En cuestión de minutos, el precio se disparó de dieciocho a treinta millones.
Las paletas en el salón comenzaron a bajar, pero Vera aún no había dicho una sola palabra.
—¡Treinta y cinco millones! —gritó Ofelia.
El salón quedó en silencio. Nadie más se atrevió a pujar.
Ofelia miró a Vera con una sonrisa burlona.
—¿Qué pasa? ¿No te atreves a abrir la boca? ¿Sin el respaldo del Señor Heredia ya tienes miedo?
—Cuarenta millones.
Vera hizo una seña a un empleado de la casa de subastas. Con su primera oferta, subió el precio cinco millones de golpe.
El rostro de Ofelia se tensó.
—Cuarenta y tres millones.

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