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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 103

A la mañana siguiente, antes de ir a trabajar, Gabriela pasó por la casa de Lorenzo Paredes para entregarle el vino.

Darle un regalo frente a los demás en el instituto podría generar chismes innecesarios y traerle problemas a su colega.

En la sala de estar, Lorenzo abrazaba la botella con una sonrisa enorme, negándose a soltarla.

—Qué maravilla. Todos los años espero con ansias este detalle tuyo.

—Si te gusta tanto, te lo traeré todos los años —respondió Gabriela con una sonrisa, mirando hacia una de las habitaciones—. ¿Y Sofía? ¿Ya se fue al colegio?

—Sí, salió antes del amanecer. Está en su último año de secundaria y tiene demasiada presión —dijo Lorenzo con evidente preocupación paternal. Luego la miró y bromeó un poco—. Aunque supongo que tú no lo entiendes, como te saltaste los exámenes de admisión a la universidad.

Era cierto. Gabriela nunca tuvo que hacer las pruebas de admisión. Era tan brillante que la aceptaron en la universidad de forma directa siendo muy joven. A la edad que tenía Sofía Paredes, ella ya estaba haciendo prácticas en el instituto. Solo que, en aquel entonces, todos la conocían como Gabriela Salinas.

Tiempo después, cuando decidió adoptar el apellido de su mentor y dejar de usar Salinas, fue el propio Lorenzo quien modificó sus registros en el sistema interno del instituto. Fuera de ese código confidencial, el resto de sus documentos públicos seguían intactos.

Esa había sido su forma de cortar de raíz cualquier vínculo con la familia Salinas.

—Por cierto, Gabi, qué bueno que viniste hoy. ¿Qué te parece si en lugar de ir al instituto vamos directamente a inspeccionar esa empresa de tecnología?

La voz de Lorenzo la sacó de sus pensamientos.

—¿Ir ahora mismo? —preguntó. Sabía que tenían programada la visita para ese día, pero ir a primera hora le parecía apresurado.

—Sí —Lorenzo se puso de pie y tomó su maletín—. No te preocupes. Han tenido una actitud excelente y me dijeron que estarán esperando a la hora que decidamos ir. Solo tengo que hacerles una llamada para avisar que vamos en camino.

Gabriela lo observó mientras marcaba el número.

Era evidente que Lorenzo tenía mucha fe en esa empresa y de verdad quería apoyarlos.

Pensó que, si la capacidad de la empresa y la calidad de sus productos cumplían con los estándares, aceptaría la colaboración por respeto a su colega. El instituto les proporcionaría los componentes y el soporte técnico que necesitaban.

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