Entrar Via

Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 96

—¡¿De verdad?! —A Héctor le brillaron los ojos de la emoción. Estaba tan eufórico que hizo un movimiento brusco y derribó un par de fichas del tablero sagrado que nadie más tenía permitido tocar.

—Sí, es un hecho —asintió Enzo, señalando el teléfono de su padre—. Ya te envié el número de contacto. Si lo llamas, estoy seguro de que conseguirás información valiosa.

Héctor guardó el número con dedos temblorosos. Si no fuera porque no quería parecer un loco frente a su hijo, habría hecho la llamada en ese mismo instante.

—Ya es muy tarde hoy. Mañana a primera hora, en horario de oficina, llamaré al señor Olivera —Héctor le dio unas palmaditas en el hombro a su hijo—. Enzo, ¡me has hecho un favor inmenso!

Ver a su padre tan feliz también le trajo satisfacción a Enzo.

—Tuve una breve conversación con el señor Olivera —añadió Enzo—. Me comentó que el apellido de aquella jugadora prodigio era Salinas.

—¿Salinas? —Héctor se quedó paralizado un segundo—. Hay mucha gente con el apellido Salinas en Puerto Serena. El mismísimo hombre más rico de la ciudad, Bernardo Salinas, comparte ese apellido.

Enzo sonrió, descartando la idea.

—No creo que sea de esa familia. Por lo que investigué, el señor Bernardo Salinas solo tiene un hijo adoptivo y no tiene hijas. Su hermano sí tiene una hija, pero ella no juega al Go; actualmente está estudiando una maestría. En cuanto a las ramas más lejanas de la familia Salinas, no tengo los detalles.

Héctor asintió lentamente.

—No, definitivamente no puede ser de la rama principal de los Salinas. Escuché rumores de que el difunto patriarca, don Armando Salinas, odiaba el Go a muerte. Nunca supe el motivo, pero en esa familia estaba estrictamente prohibido cualquier asunto relacionado con el tablero.

Héctor, como vicepresidente de la asociación de Go, había organizado innumerables torneos a lo largo de los años. Más de una vez, los organizadores habían intentado buscar el patrocinio del poderoso Grupo Salinas. Pero la respuesta siempre fue un rotundo y tajante "no", acompañado de la advertencia de que la familia no se involucraba en nada que tuviera que ver con ese juego.

Por lo tanto, era imposible que la misteriosa genio perteneciera a la familia más poderosa de la ciudad.

—De todos modos, haberme conseguido el contacto del señor Olivera ya es un avance monumental —dijo Héctor, mirando a su hijo con profundo orgullo.

Él llevaba meses chocando contra una pared de ladrillos en su búsqueda, y su hijo lo había resuelto en cuestión de días.

Enzo era verdaderamente excepcional.

Pero entonces, el pensamiento de Héctor vagó hacia su nuera, y su expresión se ensombreció de nuevo.

Esa mujer, Gabriela, sencillamente no era digna de alguien tan brillante como Enzo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera