La pregunta tan repentina dejó a Violeta descolocada.
—¿Cómo? ¿Se te reventó un quiste? ¿Te duele el vientre? —Violeta alzó las cejas y, por inercia, le miró el estómago.
—A la ex de Tristán. No llegó a dormir en toda la noche.
Violeta la miró con picardía:
—¿Te pegaron los celos?
Lourdes dudó un segundo antes de contestar:
—No vale la pena.
—Parece que no te preocupa en lo absoluto que Ivana te baje el puesto. Te recuerdo que los hombres no saben lo que es la fidelidad. —A Violeta le parecía que Lourdes estaba demasiado tranquila.
Aunque no hubiera amor de por medio, los beneficios y comodidades de ser la señora Carranza no eran cualquier cosa. Y con Tristán a punto de volver a la familia Carranza, se les venía una lluvia de billetes.
Lourdes se recargó en la silla, jugueteando con el encendedor:
—Tristán es un desgraciado. Si Oasis Capital es lo que es hoy, es porque él no tiene escrúpulos ni tentaciones. Ivana no tiene el colmillo para domarlo.
A pesar de tantos años a su lado y de tantas noches de pasión, Lourdes seguía sin descifrarlo. En su mente, la verdadera naturaleza del hombre era un completo misterio.
—¿Entonces a qué está jugando?
Lourdes negó con la cabeza:
—No lo sé. Un tipo como él es demasiado peligroso. Tengo que salirme del juego antes de que me hunda, ¿me entiendes?
Por fin, Violeta captó la ansiedad de Lourdes.
—Ya me estoy encargando de acomodar tus cuentas, no te preocupes.
Para evitarse problemas, Lourdes decidió cancelar la comida con Violeta.
Y tal como lo imaginaba, al salir del hospital, Tristán la empezó a seguir en el coche.
Lourdes caminaba por la banqueta mientras él avanzaba a su paso, sin prisa.
Regresaron a la Residencia Umbría. Lourdes apenas se bajó del coche cuando Tristán la detuvo.
—Ya que eres tan comprensiva, supongo que no tendrás problema si empiezan a circular rumores sobre ella y yo.
Lourdes se detuvo en seco y volteó a ver al hombre, que estaba recargado en el coche, mirándola con total tranquilidad.
Tristán no tenía la típica cara de niño bueno de los ejecutivos; llevaba el cabello con un corte desaliñado, en su día a día vestía bastante casual, y sus facciones eran atractivas pero duras. Tenía un porte salvaje y rebelde, y como en los últimos dos años había madurado, ahora se veía todavía más interesante.
Pero detrás de ese rostro tan atractivo se escondía un verdadero diablo. En algún momento sintió algo por él, pero supo controlarse.
—Por supuesto. Y si crees que ya es hora de que le deje mi lugar, podemos firmar el divorcio de una vez. —Lourdes habló sin ninguna emoción, como si estuviera resignada a todo.
La mirada de Tristán se fue oscureciendo. Sin decir más, se subió al coche y se fue.
Durante toda la semana siguiente, Tristán e Ivana no bajaron de los temas del momento en las redes sociales.
Él la cuidó en el hospital, firmó la autorización para su cirugía y dejó que los medios inventaran todo tipo de chismes sobre su relación sin desmentir nada.
Como su esposa, de la noche a la mañana, Lourdes se convirtió en el blanco de todas las miradas; todos la veían como el chiste del año.

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