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Admítelo: Me Amas Más romance Capítulo 8

Tras soltar esa frase con fastidio, Tristán agarró su saco y se fue.

Lourdes se rio por lo bajo al verlo alejarse. ¿De verdad le parecía aburrida o simplemente sentía asco por su pasado con Matías?

Normalmente a ella todo se le resbalaba, pero en ese momento sintió un nudo en la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Después de que eliminaran el escándalo de internet, las cosas se calmaron por un tiempo.

Tristán seguía sin ir a la casa, pero en ese último mes del año, Lourdes se encargó de devolver discretamente todo el dinero que había tomado de los fondos de su esposo.

Lo que ahora tenía en su cuenta de inversiones eran puras ganancias netas de los últimos años; más de cien millones de pesos.

Era ambiciosa y un tanto descarada. Se había arriesgado a ir a la cárcel con tal de hacer su propia fortuna, y vaya que había comprobado que el que no arriesga, no gana.

Llegó la víspera de Navidad y con ella la fiesta de fin de año de Oasis Capital.

En medio del bullicio del salón, Lourdes estaba en un rincón apartado, sosteniendo un radio, con la mente en otro lado.

—¿Por qué no vas a divertirte un rato? —le preguntó Joana, la de Recursos Humanos, apareciendo de la nada.

Lourdes levantó el radio con la mano.

—Tengo que estar al pendiente para que no haya problemas.

—Oye, ¿qué onda con ese currículum que me pasaste?

En teoría, Joana era la jefa del área y ella decidía a quién contratar; nadie podía meter recomendados así nomás.

—Búscale un puesto. Es el primer amor del jefe.

Joana se quedó tiesa, pensando que había escuchado mal.

—¿Ah, qué?

Lourdes miró por encima de la multitud hasta encontrar a Ivana, quien había llegado del brazo de Tristán, vestida de gala. El vestido de diseñador color perla que llevaba Ivana era el que ella debía usar esa noche.

Tristán le había dicho que, por su carácter dulce, a Ivana le quedaba mejor, así que se lo había cedido sin pelear.

—No escuchaste mal. Dale un puesto fácil, donde no la vaya a regar, y de preferencia que esté lo más lejos de mí posible.

Sin embargo, el que ella no buscara problemas no significaba que los problemas no la encontraran.

Justo en el momento de la gran presentación de Ivana, el enorme candelabro que colgaba sobre ella empezó a parpadear de la nada.

Sin tiempo siquiera de avisar por la radio, Lourdes corrió con sus tacones hacia el escenario principal.

Ni siquiera pudo gritar «¡cuidado!» cuando Tristán, que estaba a unos pasos, reaccionó al instante y empujó a Ivana para quitarla del camino.

El pesado candelabro de cristal se vino abajo con un estruendo. Los pedazos salieron volando y alcanzaron a cortar a Ivana.

Cuando Lourdes llegó, solo vio los rasguños ensangrentados en las piernas de la chica.

Todos los presentes contenían la respiración, en shock por lo sucedido.

—¡¿Es que no sabes hacer tu trabajo?! —le gritó Tristán, furioso, mientras cargaba a la herida Ivana en sus brazos.

—Lo siento mucho...

Apenas alcanzó a disculparse cuando Tristán pasó a su lado como un ventarrón, llevándose a Ivana a toda prisa.

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