Con su mejor amiga, Lourdes nunca escondía lo astuta y calculadora que era.
A fin de cuentas, ambas eran cortadas con la misma tijera en ese aspecto.-
Violeta guardó silencio unos segundos:
—¿De verdad no lo quieres ni un poquito después de tantos años?
Lourdes se quedó callada ante la pregunta.
—En el futuro me conseguiré a uno más joven.
Violeta soltó un suspirito y arqueó una ceja:
—Haz un hueco y ven a verme, te voy a recetar ácido fólico.
Lourdes sonrió:
—Gracias, doctora.
—Qué formal, amiga.
Tristán no regresó en toda la noche. Lourdes se quedó despierta hasta la madrugada, pero decidió no llamarlo para no molestar.
Ivana regresaba justo ahora, ni antes ni después, sino exactamente cuando Tristán estaba a punto de volver a la familia Carranza. Sus intenciones eran demasiado obvias.
Si ella se daba cuenta, ¿apoco Tristán no lo veía?
Al día siguiente, sábado, Lourdes se hizo un tiempo en la mañana para ir al hospital. Las consultas de los fines de semana estaban más tranquilas, así que planeaba hacer tiempo hasta mediodía para comer con Violeta.
—Lourdes, qué casualidad —alguien se sentó a su lado. Esa voz suave le resultaba muy familiar.
Al voltear, se topó de frente con el rostro ligeramente pálido de Ivana.
Era un hospital privado. Lourdes había elegido el sábado precisamente para no encontrarse a nadie. La presencia repentina de Ivana la puso a la defensiva.
Tristán no tenía idea de la amistad entre ella y Violeta.
—Perdón, anoche tuve un percance y Tristán se quedó acompañándome toda la noche. —Aunque Ivana se estaba disculpando, la burla en su mirada no se podía esconder.
Lourdes no podía creer que la mujer que Tristán no podía superar fuera una cabeza hueca incapaz de ocultar lo que sentía.
Solo le lanzó una mirada a Ivana, con el rostro inexpresivo, y apartó la vista lentamente.
—Lourdes, no quiero arruinar su relación, no me malinterpretes —Ivana trataba de provocar su enojo o al menos su curiosidad.
Ya en el consultorio, Lourdes apenas se había sentado cuando le dieron ganas de fumar. Violeta le arrebató el cigarro al instante.
—Aquí no se fuma, y menos si estás buscando embarazarte.
A Lourdes no le quedó de otra que ponerse a jugar con el encendedor.
—¿Cómo va la bolsa últimamente?
Al mencionar el tema, a Violeta se le iluminó la cara:
—¡De maravilla! Las acciones de Grupo Carranza van subiendo seguritas y las de Oasis Capital están por los cielos. ¿Quieres vender?
Lourdes negó con la cabeza:
—Todavía no. Venderé justo antes del divorcio.
Violeta le mostró el tremendo saldo de la cuenta, pero Lourdes apenas lo miró sin mucha emoción.
—¿Por qué traes esa cara larga?
—Violeta, ¿qué clase de posición te provoca la rotura de un quiste?

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