Aeropuerto Internacional Río Verde.
Selena y Katia estaban sentadas en el sofá de la sala de espera.
Hace poco, una compañera de la universidad les había mandado la invitación de su boda, que se celebraría en Victoria del Mar. Aprovecharon para apartar unos días y así poder ir a disfrutar del evento.
Katia revisaba el itinerario de la boda en su celular.
—Mira nada más este fiestón… Se ve que la amiga se casó con un mandamás —comentó, chasqueando la lengua.
Selena sonrió y echó un vistazo al celular para ver la hora.
Pero cuando llegó la hora de abordar, el altavoz guardó silencio. En vez de anunciar el vuelo, sonó un aviso: el vuelo se había retrasado, la hora de salida estaba por definirse.
—¿Qué demonios pasa? —arrugó la frente Katia—. ¿Será por el clima? —Dio un vistazo afuera. El sol brillaba con fuerza y el cielo estaba despejado, ni una nube a la vista.
Los pasajeros a su alrededor también empezaron a inquietarse, murmurando entre ellos.
Entonces, en la entrada de la sala de espera, algo llamó la atención. Un pequeño grupo de empleados del aeropuerto, todos con uniforme, escoltaba a alguien hacia adentro.
Selena, casi por instinto, levantó la vista.
Era Isaac.
Ese día vestía completamente de negro, lo que acentuaba aún más su aire rebelde y despreocupado. Su cabello, recién teñido de negro, estaba perfectamente peinado, y su cara mostraba una seriedad inquebrantable. Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran sus ojos profundos y oscuros, clavados en Selena, llenos de emociones contenidas.
Caminó directo hacia ellas, con pasos rápidos y decididos.
Katia le dio un codazo a Selena y bajó la voz:
—No puede ser… Este tipo no te deja en paz ni porque cambies de aeropuerto.
Isaac se plantó frente a Selena, mirándola de frente con una intensidad abrumadora.
—¿A dónde vas ahora? —preguntó con tono severo.
Selena sostuvo su mirada.
—A donde yo vaya, no recuerdo tener que reportarle nada al presidente Méndez.
—Si no aclaras a dónde vas, hoy no te subes a ese avión.
En el fondo de su mirada oscura se notaba una emoción a punto de desbordarse.
Era miedo.
Isaac estaba asustado.
Selena no apartó la vista.


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