Selena iba sentada en el asiento trasero del carro, con la mirada perdida en el paisaje que se deslizaba velozmente tras la ventana. Sentía el vacío apoderarse de su pecho, como si cada árbol y cada edificio que quedaban atrás fueran recuerdos que se alejaban para no volver jamás.
Acarició su muñeca, donde las uñas de Isabel le habían dejado marcas rojizas. El área ya se había tornado morada, un recordatorio opaco de aquella confrontación.
El conductor, un hombre de mediana edad de pocas palabras, se limitaba a manejar concentrado. De alguna manera, ese silencio le daba a Selena un respiro, casi un refugio lejos del bullicio de sus emociones.
Al volver al departamento, la recibió una quietud absoluta, interrumpida solo por el sigiloso caminar de Riki por el pasillo. Tres días habían pasado. Nada de Isaac: ni una llamada, ni un mensaje, ni siquiera un simple aviso. El vacío en el teléfono se sentía como un abismo.
Al cuarto día, apenas amanecía cuando su celular vibró. Tatiana, su editora, le avisaba que Grupo Ríos había aumentado el presupuesto y querían que ella asistiera a la junta de guionistas esa misma tarde.
Apretó el celular con la mano, sintiendo una mezcla de emociones difíciles de separar. No podía negarse, era trabajo, pero la sola idea de toparse con Isabel le revolvía el estómago. ¿Podría mantener la calma frente a ella?
Se preparó con cuidado: maquillaje discreto, un traje sastre azul marino y el cabello recogido en un chongo sencillo. La mujer que la miraba desde el espejo lucía profesional, serena. Nadie habría adivinado la tormenta que llevaba por dentro.
Al llegar a la sala de reuniones, varios guionistas y el director ya estaban allí. Isabel ocupaba el lugar principal en la mesa, recibiéndola con una sonrisa impecable, como si nada hubiera ocurrido.
La reunión transcurrió sin contratiempos. Todos elogiaron el guion de "Retorno", y el director compartió su visión para la filmación. Selena respondió las preguntas con profesionalismo, aportando sugerencias aquí y allá, sin mirar a Isabel más de lo necesario. Cada vez que Isabel intentaba desviar la conversación, Selena lograba regresarla hábilmente al tema del guion, manteniendo la charla estrictamente profesional.
No fue sino hasta un receso que Selena pudo dejar escapar un suspiro.
—Señorita Monroy, ¿podría acompañarme un momento? —La voz de Isabel sonó dulce, aunque sus ojos destellaban una chispa helada casi imperceptible detrás de la perfección de su sonrisa.
Selena titubeó, pero asintió con la cabeza. No quería provocar una escena frente a todos.
Caminaron hasta la pequeña sala de descanso junto a la sala de juntas. Isabel cerró la puerta con delicadeza, apoyándose contra ella con elegancia estudiada.
—Lo del lago... espero que no lo tomes tan a pecho —soltó Isabel, y aunque su tono era suave, cargaba con la arrogancia de quien se sabe ganadora.
—Señorita Ríos, le sobra talento para fingir.
Isabel rio, como si nada le afectara.
—La vida es un escenario, Selena. Lo importante es saber qué papel te toca y cuándo.

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