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Amor que Fue romance Capítulo 237

La noche anterior, Isaac había estado inquieto hasta muy tarde. Selena, agotada, cayó en un sueño tan profundo que, al despertar, ya eran casi las nueve.

Se estiró despacio, sintiendo cómo el cuerpo se desperezaba después de un descanso tan largo. Al mirar a un lado, notó que el espacio junto a ella en la cama estaba vacío desde hacía rato.

Isaac siempre había sido así: en el trabajo no se andaba con rodeos y en la vida diaria era de los que se levantaban temprano sin importar el día.

Selena se levantó sin prisa, fue al baño a lavarse la cara y cambiarse. Tomó lo primero que encontró en el armario; después de todo, Isaac ya se había encargado de empacar todas sus cosas y hasta había mandado a hacer ropa a medida para ella.

Cuando abrió la puerta, se quedó un momento en el pasillo, algo perdida. Desde el final del corredor, se ramificaban varios caminos. La noche anterior, Isaac la había cargado de regreso, así que no había puesto atención al trayecto. Por un instante, no supo hacia dónde ir.

Fue tanteando el camino, cruzando un par de pasillos, hasta que por fin logró llegar a la sala principal.

Justo cuando estaba a punto de bajar las escaleras, escuchó abajo unas voces graves conversando.

Se asomó con cautela. Isaac estaba sentado en el sofá central del salón, rodeado de varios asistentes.

Desde que Isaac había regresado a San Juan, toda la administración de la empresa también se había mudado temporalmente; asistentes, abogados y secretarias ocupaban las casitas de al lado.

Selena decidió retroceder un par de pasos con la esperanza de regresar a su habitación y bajar cuando terminaran su reunión.

—¿Selena?

La voz profunda de Isaac la llamó de pronto. Cuando levantó la vista, él ya la había visto parada en la escalera.

Selena se quedó quieta, un poco incómoda, y le saludó con la mano.

—Ven acá —le indicó Isaac, haciéndole señas.

No le quedó más que bajar despacio los escalones hasta llegar junto a él.

—Vamos a desayunar primero —dijo Isaac, tomándola de la mano—. Hoy estaré bastante ocupado, así que pedí que un par de personas te acompañen a pasear.

Selena apretó los labios y echó una mirada a los asistentes, todos serios y parados como estatuas. Murmuró apenas:

—Está bien, tú ve a trabajar. Yo puedo desayunar sola, no hay problema.

Isaac se volvió hacia su equipo:

—Vayan preparando todo en la sala de juntas. En media hora llego.

...

Isaac la acompañó hasta el comedor.

—No sabía bien qué te gusta, así que pedí que prepararan de todo un poco —comentó, apartando la silla para ella.

Al ver la mesa, Selena no pudo evitar reír:

—¿Un poco? Con esto podríamos alimentar a toda una clase.

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