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Amor que Fue romance Capítulo 243

La capilla Méndez era el edificio más antiguo de toda la hacienda.

En cuanto cruzabas el umbral alto de la puerta, te envolvía una mezcla penetrante de madera envejecida y el aroma persistente de incienso consumido, con un aire solemne que se sentía hasta los huesos.

La luz caía desde los ventanales en lo alto, iluminando apenas los gruesos pilares de madera negra, tan robustos que harían falta varios para rodearlos con los brazos. El fondo, envuelto en penumbra, parecía guardar secretos ancestrales imposibles de descifrar.

El espacio interior era inmenso; el techo se elevaba en capas superpuestas que hacían que cualquiera se sintiera diminuto. Al frente, una mesa enorme servía de altar, repleta de ofrendas y un incensario aún humeante. Detrás, hasta donde alcanzaba la vista, se alineaban placas negras con letras doradas: los nombres de generaciones de antepasados, apilados como si cada uno protegiera el legado del anterior.

En el aire flotaba el rastro sutil de sándalo consumido, ese aroma que evoca recuerdos de familia y solemnidad.

Y, sin embargo, hoy aquel lugar reservado para el recogimiento estaba repleto de gente.

Casi todos los miembros principales de la familia Méndez habían acudido.

Algunos se reunían en pequeños grupos, platicando en voz baja. Pero cuando Isaac entró de la mano de Selena, las conversaciones se apagaron de golpe; decenas de ojos se volvieron hacia ellos, escrutando con curiosidad, juicio y quizá algo más difícil de precisar.

Isaac guió a Selena a través del gentío, rumbo al centro de la capilla.

Por donde pasaban, la gente bajaba la mirada y se hacía a un lado, cediéndoles el paso con un respeto silencioso.

Sin quererlo, la mirada de Selena se cruzó con una escena en un rincón.

La señorita Nadia estaba junto a un hombre maduro de porte imponente, el mismo que la noche anterior había defendido a ese joven que recibió un latigazo por culpa de ella. También era el padre de Nadia.

Aunque Nadia llevaba un maquillaje impecable, aún se notaba cerca del ojo izquierdo una mancha rojiza, apenas disimulada con base y algo hinchada si se miraba con atención.

También ella vio a Selena. Sus ojos lanzaron una mirada venenosa y llena de resentimiento.

Apretó el brazo de su padre con fuerza y, en voz baja y aguda, soltó:

—¡Papá! ¡Es esa mujer! ¡Ayer me pegó delante de todos! ¡Tienes que defenderme! ¡No puedes dejarlo así!

Capítulo 243 1

Capítulo 243 2

Capítulo 243 3

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