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Amor que Fue romance Capítulo 48

Selena recorrió el lugar con la mirada, cada rincón le resultaba extraño y distante.

El techo alto, la lámpara de cristal que pendía brillante sobre su cabeza, los cuadros al óleo de valor incalculable… todo ahí, sin pronunciar palabra, dejaba claro el poder y la importancia del dueño de la casa.

—¿Dónde está Isaac? —preguntó de golpe, su voz sonó mucho más serena de lo que esperaba.

A Constantino se le notó una pizca de duda en la cara.

—Quiero ver a Isaac. Ahora.

El hombre dudó, se rascó la nuca y respondió con cierta incomodidad:

—Señorita Monroy, el señor Méndez sí tiene asuntos urgentes que atender, pero le prometió que regresaría esta noche. Mientras tanto, le sugiero que descanse, el viaje debió de haber sido agotador.

Las empleadas bajaron la cabeza y el ambiente se puso tenso, como si el aire se hubiera vuelto más denso.

La cara de Constantino no mostró emoción alguna; apenas le hizo una seña a una de las muchachas:

—Lleva a la señorita Monroy a su habitación.

Selena vaciló apenas un instante, después se encaminó despacio hacia la recámara principal. Al abrir la puerta maciza de madera, notó que el cuarto tenía mucho más vida que la última vez que estuvo ahí.

La decoración, antes moderna y minimalista, ahora se sentía más cálida. Había una lámpara de luz ámbar sobre la mesa de noche, acuarelas colgadas en las paredes y una pequeña planta verde junto a la ventana.

Pero lo que la dejó sin palabras fue ver a un gato muy parecido a Riki, acurrucado felinamente sobre la cama.

El animal levantó la cabeza y la miró con unos ojos azules profundos, idénticos a los de Riki.

El felino blanco bajó de la cama con agilidad, se enroscó alrededor de sus tobillos y la acarició con la cola. Ese gesto era tan familiar que el corazón de Selena se encogió.

Se agachó y acarició la cabeza del gato. El animal ronroneó, cerrando los ojos con deleite, dejándose consentir.

—Tú no eres Riki —murmuró—, pero de verdad te pareces mucho.

Se levantó y se acercó a la ventana. Permaneció ahí largo rato, viendo cómo el cielo naranja se volvía azul oscuro y, al final, un manto negro.

El gato blanco la acompañó en silencio todo ese tiempo, apenas rozando su pierna de vez en cuando como para recordarle que no estaba sola.

Capítulo 48 1

Capítulo 48 2

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