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Amor que Fue romance Capítulo 96

Felipe estaba sentado al lado, inquieto, frotándose el entrecejo con fuerza. Sacó una cajetilla de cigarros del compartimiento y, tras agitarla, encendió uno. Inhaló profundo y soltó el humo formando anillos que flotaron en el aire.

—Carlos, este asunto… la neta, no es tan sencillo como tú crees.

—Lo de Isaac y Selena… eso fue hace años. Entre ellos hubo de todo: un amor tan profundo que parecía no tener fin, pero también se lastimaron sin piedad. Un desastre tras otro, pura historia tóxica, para qué te miento, eso fue un karma de pareja.

Carlos giró la cabeza de golpe. En sus ojos había rabia y una confusión que no disimuló.

—¿Y eso qué? ¡Ya pasó!

Felipe soltó una risa incrédula y sacudió la ceniza en el cenicero del carro.

—¿Ya pasó? Si hubiera sabido que la chava que tanto te traía de cabeza era ella, ni loco te habría dado esos consejos tan mensos. ¿El dron? ¿Los fuegos artificiales? Te juro que lo único que hice fue echarte al pozo de los leones.

Carlos frunció el ceño, apretando los labios.

Felipe volvió a fumar, la bruma del cigarro le endureció el gesto, casi como si sus pensamientos se enredaran en el humo.

—¿Sabes por qué Isaac tiene ese mechón de canas? Todos allá afuera inventan que fue por su esposa fallecida, pero la verdad es que fue por Selena. Hace tres años, cuando todos pensaron que ella había muerto, él casi se va detrás de ella. Se encerró, se olvidó de todo, el tipo quedó hecho trizas. El cabello se le puso blanco en esos días.

—Y esa gata blanca que siempre lleva consigo, esa que cuida como si fuera un tesoro, —Felipe se acercó y bajó la voz—, ni siquiera es la original. Es una que buscó porque se parecía a la que Selena criaba antes, es una gata suplente. La trata como si fuera su hijo. Ahora que la verdadera regresó, Selena en carne y hueso… ¿tú crees que él va a soltarla así nomás?

El color se le fue del rostro a Carlos, pero aun así reviró, con un dejo de orgullo que no quiso soltar.

—En las cosas del amor, también tengo derecho a pelear. No todo es lo que Isaac quiera, ¿no? Si ella quiere, yo también tengo chance.

Felipe lo miró como quien ve a un chavo que no sabe en el lío en el que se está metiendo.

Apagó el cigarro en el cenicero con fuerza.

—¿Derecho? Eso funciona cuando el otro es una persona común y corriente. Pero aquí, te lo digo neta, ni lo pienses, Carlos. Hazme caso, olvídate de ella, y hazlo ya. Si no, mejor ve empacando, porque mañana mismo te vas a ir a trabajar a las minas en África, y ni yo podré ayudarte.

Capítulo 96 1

Capítulo 96 2

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