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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 149

Noah avanzó un paso hacia el centro de la habitación infantil, acunando a la pequeña Benett contra su pecho con una soltura que a Emma le heló la sangre. Detrás de él, dos hombres con chaquetas oscuras y rostros cubiertos aparecieron desde el balcón, bloqueando la única salida hacia el pasillo principal de la mansión. Emma sintió que las piernas le flaqueaban, pero se obligó a mantenerse firme sobre el suelo, apretando los puños a los costados mientras el llanto de su hija le taladraba los oídos. Noah la miró de arriba abajo, utilizando la cercanía de sus manos sobre el cuerpo de la bebé como una advertencia silenciosa pero demoledora; sabía perfectamente que, mientras tuviera a la niña en su poder, Emma no se atrevería a gritar, ni a pedir ayuda a los guardias que vigilaban los portones exteriores de la propiedad.

—Camina hacia la salida trasera, Emma. Sin trucos, sin intentar llamar la atención de nadie. Si abres la boca o intentas correr, la niña pagará las consecuencias de tu estupidez —advirtió Noah con una voz baja y calmada que no dejaba espacio a las dudas, haciendo un gesto con la cabeza para que sus hombres la sujetaran por los antebrazos.

Emma asintió levemente con la cabeza, tragándose el pánico que amenazaba con asfixiarla. El trayecto hacia el exterior de la propiedad se sintió eterno; la sacaron por la zona de servicio aprovechando el cambio de guardia que sus hombres habían coordinado con precisión. La obligaron a subir al asiento trasero de un automóvil de cristales tintados que esperaba con el motor encendido en el callejón posterior. Noah se acomodó a su lado, manteniendo a Benett sujeta contra su costado, mientras el vehículo arrancaba a toda velocidad, perdiéndose entre las avenidas periféricas de la ciudad. Emma miraba la silueta de su hija, sintiendo el sudor frío correr por sus manos, pero se esforzó por mantener una postura fuerte y entera por el bienestar de ambas.

—Por favor, Noah, te lo ruego, déjanos ir. Detén el auto y baja a la bebé, yo te prometo que no diré una sola palabra a Benedict ni a la policía, les daré el tiempo que necesiten para salir del país, pero no hagas esto —pidió, intentando que su tono de voz sonara lo más sereno y convincente posible a pesar del temblor evidente que le recorría los hombros.

Noah se giró hacia ella, desbiando la mirada de la carretera para clavar sus ojos verdes en las facciones de ella, mostrando una expresión que mezclaba la locura con una profunda y distorsionada devoción.

—Eso no es posible, Emma. No puedo dejarte ir ahora que finalmente estamos juntos. Te pido perdón por todo lo que pasó antes, por las decisiones equivocadas que tomé y por haberme tardado tanto tiempo en comprender la verdad, pero quiero que sepas que te amo. Siento mucho haberme demorado, pero ahora los tres estaremos juntos para siempre y nadie nos volverá a separar —respondió Noah, estirando la mano libre para delinear la mandíbula de Emma, ignorando por completo el rechazo físico que ella manifestó al apartar el rostro de su contacto.

El automóvil avanzó durante casi una hora hasta detenerse en el patio interior de una propiedad rústica ubicada en las afueras boscosas de la región. A simple vista, la construcción parecía una casa abandonada y deteriorada por el tiempo, pero una vez que la obligaron a cruzar el umbral, Emma notó que los interiores habían sido completamente remodelados, contando con muebles costosos, calefacción central y todas las comodidades de una residencia de lujo. Los hombres de Noah la empujaron hacia una silla de madera pesada en el centro de la estancia principal, procediendo a amarrarle las muñecas a los soportes traseros con una cuerda de nylon gruesa.

Noah depositó a Benett en un pequeño sillón acolchado que estaba justo enfrente y se acercó a Emma. Sin darle tiempo a reaccionar, la tomó de la nuca con firmeza y besó sus labios por la fuerza, hundiéndose en su boca con una intensidad desesperada que buscaba reclamar un derecho que ya no tenía. Emma no pudo resistirse ni intentar morderlo porque uno de los cómplices colocó la mano de inmediato sobre el moisés de la bebé, listos para lastimarla ante cualquier muestra de rebeldía de su parte. Una profunda sensación de asco e impotencia total recorrió el cuerpo de Emma; se quedó completamente inmóvil, dejando las lágrimas correr por sus mejillas mientras soportaba el contacto húmedo de sus labios hasta que él decidió separarse con una sonrisa de autosuficiencia.

En ese instante, la puerta principal se abrió y un hombre de mediana edad que vestía una bata blanca de laboratorio y cargaba un maletín metálico entró a la estancia con pasos apresurados. Noah se giró de inmediato, tomó a la pequeña Benett de los brazos y se la acercó al recién llegado, colocándola sobre la mesa central bajo la luz directa de las lámparas. Emma comenzó a agitarse en la silla, sintiendo que el corazón le estallaba del miedo al ver que un extraño manipulaba a su hija con instrumentos desconocidos.

—¿Qué demonios piensan hacerle? ¡Aléjate de ella! Aleja tus malditas manos de mi hija, Noah, no te atrevas a tocarla —gritó Emma con desesperación, tirando de las cuerdas que le sujetaban las muñecas hasta que la piel de sus brazos comenzó a sangrar por la fricción del material.

—Tranquilízate de una puta vez, Emma, cállate y escúchame. Sería absolutamente incapaz de lastimarlas a ninguna de las dos porque las amo con toda mi alma, eres mi mujer y ella es parte de nosotros. Roger, que es el nombre del médico que ves aquí, es un profesional de mi total confianza y solo está aquí en la propiedad para hacerle una prueba médica rápida a Benett —explicó Noah con una tranquilidad pasmosa, acomodándole las mantas a la niña mientras el doctor sacaba unos hisopos del maletín.

Emma abrió los ojos grandes, sintiendo que el aire se le helaba en la garganta ante la mención del procedimiento que pretendían realizar.

Su hija 1

Su hija 2

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