La puerta de la oficina de Noah se abrió de golpe, había llegado a Industrias Campbell muy temprano esa mañana. Los empleados lo miraron con curiosidad, no solo porque era un recién casado que en lugar de estar de luna de miel estaba ahí un lunes por la mañana, sino también por esa marca rojiza y aún ligeramente hinchada en su mejilla, el claro rastro del contacto con el anillo de Emma cuando le dio la cachetada. Había discutido con Mariana en casa, luego de que ella no le creyera la mentira barata sobre cómo se había hecho ese rasguño, y la pelea había escalado hasta dejarlo con un enojo que no se iba. Se sentó en su escritorio, apoyó ambas manos en la superficie y luego masajeó su sien con fuerza, tratando de calmar el torbellino en su cabeza. La relación de Emma con su tío no dejaba de darle vueltas, una y otra vez, como un clavo que se hundía más profundo cada vez que lo pensaba.
—¿Qué demonios quieres Emma? —preguntó en un susurro furioso, justo antes de que su puerta se abriera de nuevo, mostrando a Benedict parado ahí, con esa expresión imperturbable que lo sacaba de quicio. Noah frunció el ceño de inmediato al verlo invadir su espacio sin invitación, y se levantó un poco de su asiento, cruzando los brazos para no mostrar lo mucho que le molestaba su presencia.
—¿Se puede saber a qué debo tu visita... tío? —preguntó de mal humor, sin siquiera ocultar que le irritaba verlo ahí, como si el simple hecho de respirar el mismo aire lo enfureciera.
Benedict se acercó, cerrando la puerta detrás de sí, y se paró frente al escritorio con los brazos cruzados, mirándolo fijo con esa calma que solo avivaba la rabia de Noah.
— Eso precisamente es lo que quiero saber —dijo Benedict—. ¿A qué debo tu presencia de ayer en mi apartamento?
Noah se tensó al instante, el estómago se le revolvió imaginando si Emma le había contado todo, si había corrido a llorarle sobre la visita y los insultos. Pero sobre todo, si le había contado de aquel romance que tuvieron. Tragó saliva, demorando un poco en responder mientras se ponía de pie por completo, tratando de ganar tiempo para no delatarse.
—En recepción me avisaron que entraste —agregó Benedict, ocultando que sabía todo lo ocurrido.
Noah se enderezó, fingiendo indiferencia aunque por dentro bullía de frustración por haber sido descubierto tan rápido.
—¿No le preguntaste a tu... prometida a qué fui? —cuestionó Noah, tratando de indagar antes de abrir la boca de más, mostrando el sarcasmo que no ocultaba el enojo por tener que explicarle su arrebato.
Benedict dio un paso más cerca aunque el enojo visible en la forma en que sus ojos se entrecerraban.
—¿Por qué preguntarle a ella cuando tú me lo puedes responder? —dijo Benedict—. Dime, ¿por qué entraste con tanta urgencia a mi propiedad?
Noah cruzó los brazos para no mostrar cómo sus manos temblaban de rabia.
—Quería hablar contigo sobre lo ocurrido en mi boda —dijo Noah—. Estaba muy enojado aún porque por culpa de Emma, Mariana se sintió mal toda la noche. Por fortuna, nuestro bebé está bien.
Benedict lo miró un segundo, evaluando la mentira, y luego respondió con una frialdad que pinchó más el orgullo de Noah.
—Es una lástima —soltó, sin siquiera fingir sus deseos de que se perdiera ese hijo.
Noah sintió el calor subiendo a su cara, el enojo explotando ante esa respuesta tan casual, como si no le importara nada.
—No te permito... —empezó Noah, alzando la voz.
Benedict lo interrumpió sin piedad, su tono subiendo un poco para mostrar su propio enojo, acercándose más al escritorio.
— Yo tampoco te permito entrar en ninguna de mis propiedades sin mi consentimiento —dijo Benedict—, mucho menos si Emma está sola ahí.
Noah sintió un golpe en el pecho, la rabia creciendo al oírlo defenderla así, como si él fuera el villano.
—¿Qué estás insinuando? —preguntó Noah, su voz tensa, los ojos brillando de furia.
Benedict no retrocedió, su expresión se mostró más dura, el enojo fue evidente en cómo apretaba la mandíbula.
—Después de tu amenaza en la fiesta, te quiero lejos de mi prometida —dijo Benedict—. Porque si algo le ocurre, no dudaré en señalarte como responsable. Y porque claramente ella no te quiere cerca.
Noah se frustró tanto que sintió el pulso acelerado, incapaz de contener el enojo que le quemaba por dentro al imaginar a Emma llorandole a su tío, haciéndose la víctima.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Atada a un Hombre Mayor