Entrar Via

¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 153

—¿Así que tú y tu cuñado son como hermanos? Qué curioso.

—Es por mi carácter, me es muy fácil terminar siendo amiga de todo el mundo. No tengo esa personalidad de niña delicada y frágil.

—Tú estudiaste danza, ¿verdad?

—Sí, ¿me conoces?

—Claro. Sé que hace poco te torciste el tobillo y por eso no pudiste participar en el concurso.

Las palabras de Chiara, dichas con ligereza, fueron como una piedra arrojada a un estanque, creando ondas de tensión.

Anabel miró a Simona y dijo:

—Ese día no me lo torcí yo sola, fue mi hermana que me empujó sin querer.

—¿De verdad? Por el video que vi en internet, parecía que te habías caído tú sola. Pero bueno, eso ya no importa.

Chiara sonrió y miró a Anabel.

—Lo que me sorprende es que, siendo la *Primera Bailarina*, te hayas retirado de un concurso solo por una torcedura de tobillo. ¿No te parece muy cobarde?

El rostro de Anabel se ensombreció.

—¿Qué dijiste?

—He visto en internet a un montón de artistas que, incluso lesionados, siguen adelante con sus proyectos. Hace dos años, una bailarina de talla internacional tuvo un accidente de auto un mes antes de una competencia. A pesar de tener una herida grave en la pierna, le pidió a los médicos analgésicos y compitió.

Chiara miró a Anabel con una expresión de desconcierto.

—Dicen que la gente que baila es la más tenaz que existe. No me esperaba que tú, la *Primera Bailarina*, renunciaras a un concurso por algo tan simple como un esguince.

Mientras hablaba, Chiara bajó la mirada hacia los pies de Anabel, calzados con tacones altos.

—Además, por lo que veo, tu pie no parece estar tan mal.

A esas alturas, el rostro de Anabel ya estaba completamente lívido.

Ulises dejó caer el cuchillo y el tenedor sobre el plato. El sonido metálico resonó en el espacio con una extraña severidad.

—Señorita Ferrer, la invité a comer porque es amiga de Simona, pero ¿qué pretende atacando a la gente?

—¿Atacar? —Chiara se encogió de hombros—. Solo digo la verdad. Simona sigue dibujando sus diseños a pesar de la lesión en su muñeca, pero tú, con un simple esguince, abandonas la competencia. ¡Cualquiera diría que no participaste a propósito para echarle la culpa a Simona!

—¡Cállate!

La consoló con unas cuantas palabras más hasta que Anabel dejó de parecer dolida.

—Ulises —dijo Anabel—, para el aniversario de la escuela, Álvaro quiere que vayas. ¿Tendrás tiempo?

—El aniversario es pasado mañana, ¿cierto?

Anabel asintió.

La mirada de Ulises se posó en la dirección por la que Simona se había marchado, sus ojos oscuros y profundos.

—Iré.

—¡Entonces está decidido! —exclamó Anabel, contenta—. El día del aniversario, Álvaro y yo te estaremos esperando.

Ulises asintió en señal de acuerdo.

Una vez fuera del restaurante, Chiara no paraba de quejarse en nombre de Simona. Al escuchar su parloteo, defendiéndola, Simona sintió un poco de calidez en el corazón.

Levantó la vista y, a lo lejos, vio una silueta que le resultó familiar.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada