Ulises guardó silencio un par de segundos y luego respondió con calma:
—Puedes tenerla como madrina. Así no se verá afectada su relación.
>>Tu mamá solo está haciendo un berrinche. Volverá pronto, ¿entendiste?
Álvaro asintió.
Aunque le disgustaba la idea de que Anabel no pudiera ser su verdadera madre, una parte de él esperaba con ansias el regreso de Simona.
Dejó de hacer un escándalo, se bajó de la silla y empezó a recoger del suelo las galletas que aún estaban en su empaque.
***
Tres días después.
Cuando Simona llegó a La Mesa Esmeralda, recibió un mensaje de Damián avisándole que se habían retrasado un poco en el camino y que llegarían unos minutos tarde.
Simona le respondió que no se preocupara.
Entró al restaurante, le dijo al mesero el número de su reservación y lo siguió hacia el interior.
La decoración de La Mesa Esmeralda tenía un aire clásico y elegante.
Un corredor de madera con estructuras ensambladas se extendía flanqueado por jardines con rocas y arroyos, rodeado de vegetación y salpicado de algunos asientos de descanso.
Más adentro se encontraba el salón principal del restaurante.
Sillas de madera de nanmu y placas con nombres poéticos para los salones privados.
*Cielo Azul, Seda Celestial, Misterio Profundo…*
—Señorita Rivera, el salón que reservaron está en el último piso, en el ala sur. La vista desde ahí es espectacular, el mejor lugar para disfrutar del paisaje.
Simona escuchaba la descripción del mesero mientras caminaba.
Justo al llegar al elevador, pareció surgir un problema que involucraba al mesero que la acompañaba.
Él se disculpó y le dijo que le avisaría al gerente del restaurante para que viniera a guiarla hasta su mesa.

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