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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 206

Ulises llevó a Simona de vuelta a la villa, el lugar donde habían vivido durante sus seis años de matrimonio. Desde que le pidió el divorcio a Ulises, no había vuelto a poner un pie allí.

Ulises la arrastró hasta la entrada de la casa.

Álvaro Gracia estaba en la sala. Al ver a Ulises y Simona llegar juntos, sus ojos se iluminaron, pero enseguida la miró con una mezcla de altivez y desdén.

—Creí que te ibas a divorciar de papá. ¿Qué haces aquí?

A Simona le dolía la muñeca por la fuerza con que la sujetaba. No podía soltarse. Al oír las palabras de Álvaro, respondió instintivamente:

—¿No eras tú el que quería que me divorciara de tu padre para que Anabel fuera tu mamá?

No estaba claro si era por ira o por otra cosa, pero el rostro de Álvaro se hinchó de rabia.

—¡Pues claro! ¡Tú no mereces ser mi mamá! ¿Quién te necesita aquí? —dijo Álvaro antes de darse la vuelta y subir corriendo las escaleras.

Ulises arrastró a Simona hasta el sótano de la villa y la arrojó al suelo con brusquedad.

Simona se golpeó el codo contra el piso y el dolor le arrancó las lágrimas.

—¿Qué pretendes? —le preguntó a Ulises.

Ulises soltó un bufido, mirándola con absoluto desprecio.

—¿Qué? ¿Acaso crees que volvería a tocar a una mujerzuela fácil y sucia como tú?

Su voz era gélida, como si surgiera de un abismo.

Aunque Simona ya no esperaba nada de él, sus palabras le provocaron una punzada de dolor en el pecho. Resultaba que, para Ulises, siempre había sido así de despreciable.

Se levantó y lo miró fijamente.

—Usaste al abuelo para engañarme y traerme aquí. ¿Qué es lo que quieres en realidad?

—¿Y todavía tienes el descaro de preguntar? —Ulises la miró con furia, sus ojos inyectados en sangre, como si fuera a despedazarla en cualquier momento—. ¿Con quién te viste hoy en La Mesa Esmeralda? ¿Por qué tienes que ser tan rastrera? ¿No estás satisfecha hasta que pisoteas mi orgullo?

Mientras hablaba, le agarró la barbilla, mirándola desde arriba.

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