—A partir de ahora, no volveré a ser tan comprensivo contigo.
Los pasos se fueron alejando.
La mente de Simona comenzó a nublarse. Los recuerdos del pequeño ático volvieron a su mente. Su cuerpo se debilitó, su corazón se aceleró y se deslizó por la pared hasta caer al suelo.
Su instinto de supervivencia la impulsó a arrastrarse por la pared hasta el interruptor.
*¡Clic!*
Cuando la luz se encendió, Simona sintió que por fin podía respirar de nuevo. Se quedó sentada contra la pared, con el rostro pálido. En solo unos segundos, estaba como si acabara de salir del agua, con la ropa empapada en sudor.
En el sótano no había señal. No podía llamar para pedir ayuda ni a la policía. Tenía que encontrar una manera de salir de allí.
***
Ulises regresó a la sala de estar, donde Álvaro lo esperaba.
—¿Y ella?
Ulises le dirigió una mirada indiferente a Álvaro y caminó hacia el sofá.
—Tu mamá cometió un error. La puse a pensar en lo que hizo.
—¿Me trajiste de vuelta solo para castigar a mamá?
Ulises notó la desaprobación en los ojos de Álvaro y frunció el ceño.
—¿Crees que no debería castigarla?
Álvaro se cruzó de brazos, imitando la pose de un adulto a pesar de su corta edad.
—¡Claro que debes castigarla! Últimamente ha sido muy caprichosa, como una niña mimada. A cada rato se escapa de casa y encima te amenaza con el divorcio. Y lo más importante, siempre está molestando a Anabel. ¡Papá, ya era hora de que le dieras una lección!
Ulises miró fijamente a Álvaro por unos segundos, luego se masajeó las sienes y dijo con voz cansada:
—Ya es tarde, vete a dormir.
—¿Y tú no vas a dormir?
—Tengo algo de trabajo.
Álvaro miró con pena las facciones cansadas de su padre.
—Papá, descansa tú también. Tu salud es importante —le dijo.

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