—Pero, hermano, ahora que tu carrera está en su mejor momento, ¿no te afectará participar en un *reality* de citas?
—Claro que sí —respondió Sebastián, ojeando los bocetos de Simona—. Cuando participe, seguro que perderé a muchas de mis fans.
—Entonces, ¿por qué lo haces?
—Soy actor, no una estrella de moda. Tener una novia o casarme no me afecta tanto.
No por nada era un actor de primera. Había seguridad en sus palabras.
Simona captó una palabra clave en su respuesta. Con una sonrisa pícara, lo miró.
—¿Novia? ¿Casarte? Hermano, ¿no será que en ese *reality* hay alguien que te gusta?
—Así es. Si no, ¿para qué me metería en algo así?
¿Lo admitía así, sin más?
La curiosidad de Simona estaba a punto de estallar. Se acercó un poco más a él.
—¿Cómo se llama mi futura cuñada? ¿Cómo se conocieron? ¿Aún no la has conquistado? ¿Cómo piensas hacerlo?
Sebastián, al ver su entusiasmo, no se hizo mucho de rogar.
—No te diré quién es hasta que la haya conquistado. Hermanita, vine a buscarte esta noche porque necesito tu consejo.
Simona entendió al instante.
—¿Quieres que te ayude a conquistarla?
Sebastián asintió con seriedad.
—Pero no la conozco, ¿cómo podría darte ideas?
—No necesito ideas. Es que tengo que comprarle algunos regalos. ¿Cuándo tienes tiempo? ¿Me acompañas de compras?
—Es que esta semana estoy un poco apretada de tiempo...
Acababa de aceptar un pedido y en una semana tenía que entregar no solo el diseño, sino también el vestido terminado.
—No te preocupes, esta semana yo tampoco puedo. Cuando termines, avísame y buscamos un hueco para ir juntos.
—De acuerdo.
Sebastián suspiró aliviado.
—¡Qué bueno es tener una hermana! —exclamó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada