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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 25

—¿Qué quieres hacer?

—¡Suéltame!

Ismael adivinó lo que ella pretendía y trató de interponerse para impedir que Liam avanzara.

Pero qué mala suerte, él no era rival para Liam.

—Beatriz, habla bien, no te pongas violenta.

—Beatriz, suéltame.

Con el rostro tenso, Liam sujetó a Sonia por el cuello y la acercó a la cara de Beatriz.

Beatriz ni lo pensó: levantó la mano y le dio una bofetada a Sonia.

El golpe dejó a Sonia aturdida por un instante.

Cuando intentó levantarse, una mano se coló por detrás de su cabeza, le jaló el cabello y la obligó a mirarla de frente.

Una de pie, la otra sentada.

Como si una fuera la dueña y la otra la sirvienta.

La fuerza de Beatriz dominaba el ambiente, Sonia sentía que no podía ni respirar bajo esa presión.

Al cruzar la mirada con Beatriz, se quedó helada por la rabia oscura y sombría en sus ojos.

Esos ojos negros emanaban un deseo de venganza tan intenso que parecía que podían acabar con cualquiera.

Si las miradas mataran, Sonia habría muerto cientos de veces ya.

—Señorita Olmos, si no sabes cuidar tu boca, no tengo problema en meterte la cabeza en el baño para que aprendas a lavártela.

—¿Acostarte con mi hombre te da derecho a pisotearme? ¿Quién te metió esa idea en la cabeza?

Sonia, aún en shock, apenas si alcanzó a reaccionar.

De pronto, una mano fuerte apartó a Beatriz de un tirón, la rodeó por la cintura y la atrajo hacia atrás, haciéndola caer tambaleante en unos brazos cálidos.

El silencio llenó la sala durante unos segundos. Lo rompió el llanto desconsolado de Sonia, que estalló con toda su fuerza.

Sonia recordaba cómo los amigos de Ismael solían hablar de Beatriz, siempre con un dejo de lástima.

Antes no entendía por qué la gente la juzgaba así, y hasta le molestaba escuchar sus comentarios.

Pero ahora, con Beatriz sujetándola del cabello y mirándola así, por fin entendía lo que querían decir con “qué lástima”.

Qué lástima.

Beatriz, con la pierna rota, era como un águila a la que le habían cortado las alas.

—Quiero que Beatriz desaparezca.

Gregorio se quedó callado.

—Hermano, ¿no dices que ella está lisiada? No me digas que ni a una lisiada puedes quitar de en medio.

No era tanto por Beatriz, sino por la familia Barrales que la respaldaba.

...

A la mañana siguiente, lo que pasó en la casa ya había llegado a oídos de Isabel.

Beatriz estaba tan de malas que ni siquiera la dejó pasar, y Liam, con una actitud imponente, se plantó en la puerta y le bloqueó el paso como si nadie pudiera atravesarlo.

Isabel, furiosa y sin opciones, se dio la vuelta y fue directo a la empresa para buscar a Ismael.

Apenas llegó al último piso, se topó con Izan, que venía saliendo de la oficina con unos papeles. Al verla, le saludó con respeto:

—Buenos días, señora.

Al notar su expresión de pocos amigos, se hizo a un lado para dejarla pasar.

En cuanto la puerta se cerró, la voz de Isabel tronó en el despacho:

—¿Qué fue lo que pasó esta mañana?

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