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BESO POR CONTRATO romance Capítulo 7

—No —respondió Lucía, negando con la cabeza.

Rodrigo no le creyó del todo. —Sube al coche primero.

Lucía bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas; el calor que aún quedaba entre sus palmas le producía un cosquilleo.

Rodrigo la miró con intensidad y la soltó. Se frotó las yemas de los dedos, le abrió la puerta trasera y, una vez que ella subió, la cerró para sentarse a su lado.

Ignacio dudó un momento sobre si subir la división del asiento del chofer. Mejor no, para no buscarse problemas.

Julieta le mandó unos mensajes:

[Cariño, ¿te hizo la vida de cuadritos esa vieja?]

[Cáele rápido.]

[Hoy trajeron nuevos gigolós.]

[Están para echarse un taco de ojo.]

Lucía: [Llegó Rodrigo y me defendió.]

Julieta le contestó con un montón de emojis de manitas aplaudiendo:

[¿Dónde me consigo a uno como Rodrigo?]

[Cariño, te tengo tu regalo de bodas.]

[A ver cómo le haces, pero ya acuéstate con él.]

Lucía, intentando mantener la calma, bloqueó la pantalla del celular, lo metió a su bolsa y carraspeó un poco.

Rodrigo notó todo. No tenía idea de qué había visto en el celular, pero notó cómo las orejas de su esposa se ponían rojísimas.

Lucía cruzó miradas con sus ojos fríos e insondables sin estar preparada.

—¿Platicamos? —soltó él.

Ella sintió que iba a reclamarle por haberlo manipulado al mediodía. Tarde o temprano tenía que pasar; Rodrigo no toleraba que le vieran la cara, ni siquiera su propia esposa.

—De acuerdo.

Rodrigo le habló con un tono más suave: —No quería regañarte hace rato. Creo que una relación sana se basa en la buena comunicación. Si hay un problema, hay que hablarlo a tiempo para no perder energía intentando adivinar qué piensa el otro.

—Está bien —respondió Lucía con voz suave.

¡Pero todavía no le decía si la dejaba ir o no!

Lucía lo miró con incomodidad, sintiendo una punzada de frustración.

Rodrigo levantó una ceja. —¿Qué pasa?

Qué bárbaro, ese hombre de negocios sí que sabía hacerse el desentendido. —Entonces, ¿puedo salir a cenar con Julieta hoy? —preguntó ella bajito.

Al escuchar su tono tan cauteloso, él frunció el ceño. —Tú mandas sobre tu propio tiempo.

***

En la planta baja de un antro, en una mesa privada.

Julieta estaba neceando para que Lucía le contara todo. Al escuchar los detalles, suspiró: —¡Ay, el poder del dinero! Amiga, tienes que conquistar al famosísimo Rodrigo, ese hombre tan estricto, serio y que parece de hielo.

Lucía tomó su mojito de moras y le dio un sorbito.

Julieta se puso seria. —¡Cariño, un trago nunca va a estar más bueno que un hombre! Si yo no fuera tan equis, hasta le diría a mi hermano que me hiciera el paro para casarme con Rodrigo.

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