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BESO POR CONTRATO romance Capítulo 5

Grupo Verve llevaba cuatro años en el mercado, especializándose tanto en diseño de joyería fina como en vestidos de alta costura. Fusionaban el brillo de piedras preciosas con telas elegantes, todo detallado a mano por joyeros expertos. Para sus vestidos, en lugar de importar telas costosas, utilizaban textiles exclusivos de diseñadores locales y tejidos artesanales de alta calidad.

Gracias a sus diseños modernos y su estricto control de calidad, la marca se había posicionado rápidamente como una de las mejores en el mundo de la moda de lujo accesible.

Lucía se aventó dos juntas seguidas para revisar los diseños de la nueva colección y fijar la fecha de lanzamiento.

Su celular, que estaba boca abajo sobre la mesa, volvió a vibrar.

Lucía cerró la carpeta—. Pueden retirarse, buen trabajo a todos.

—Gracias, jefa.

—Buen trabajo, jefa.

Lucía volvió a su oficina y contestó la llamada de Teresa.

—Lucía, ¿acaso ahora que te casaste ya no puedo pedirte nada?

En privado, Teresa siempre le hablaba así, como si le estuviera dando órdenes. Lucía no entendía por qué la detestaba tanto. Ella siempre trataba de ser obediente y evitar problemas, pero nunca lograba que la tratara con cariño.

Cuando Daniel Esquivel, su padre adoptivo, vivía, Teresa jugaba a ser la esposa perfecta y al menos le mostraba un poco de interés fingido a Lucía.

Tras la muerte de sus padres, cuando Lucía apenas tenía siete años, el abuelo Esquivel se la llevó a vivir con ellos. Él la quería muchísimo y la consintió tanto que nadie en la casa se atrevía a meterse con ella. Lamentablemente, esa época dorada no duró. Cuando el abuelo falleció, Lucía solo tenía diez años, y su vida se volvió un infierno. La castigaban por cualquier cosa, dejándola de pie o encerrada durante horas.

Durante un tiempo llegó a pensar que Teresa la odiaba por haber sido una niña malcriada.

Pero cuando vivía con sus verdaderos padres, ella era la consentida. Su mamá le decía que las niñas no tenían que portarse perfecto todo el tiempo, y siempre la dejaban escoger primero.

De niña, no lograba entender por qué, de un día para otro, todo el amor que recibía había desaparecido por completo.

De pequeña, Lucía era muy terca y hasta llegó a pelearse con Cecilia por la atención de Teresa. Ahora, al recordarlo, le parecía ridículo. Después de tantos castigos y amenazas, terminó convertida en esa muchacha dócil y obediente que aparentaba ser hoy.

Precisamente por vivir bajo techo ajeno y tener que andar siempre a la defensiva, Lucía maduró mucho más rápido que los demás de su edad. Tuvo que aprender a ser independiente y a planear su futuro por su cuenta.

A la familia Esquivel no le importaba qué pasara con ella, con que siguiera viva era más que suficiente.

Teresa fulminó con la mirada el rostro atractivo de Lucía. Era igualita a su madre... —Ahora que entraste a la familia Fuentes, más te vale no meterte en chismes. Aprende a mantener las aguas calmadas, no vayas a andar de metiche provocando pleitos entre madre e hijo.

Lucía ya sospechaba que el regaño venía por lo que había pasado a mediodía, y no se equivocaba.

—Entendido, señora.

Ver que Lucía seguía siendo la misma joven manejable de siempre calmó bastante a Teresa.

Ella sostuvo con delicadeza su taza de café y dijo: —Deberías renunciar a ese trabajito tuyo y quedarte en casa. A la familia Fuentes le sobra dinero para mantenerte.

Lucía mantuvo una actitud sumisa—. No es un trabajo pesado, señora. Julieta solo me dio un puesto por la amistad que tenemos desde hace años, en realidad no hago mucho.

Aunque Julieta no tenía la mejor reputación, Teresa no quería que Lucía se peleara con ella, pero no iba a admitirlo en voz alta.

Lucía se dio cuenta de su reacción al instante.

—Como sea, cuando eras niña te lastimaste y siempre has tenido problemas de salud. Tienes que cuidarte muy bien.

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