—Mamá, solo quería celebrar con ella, pero no esperaba toparme con unos pandilleros.
—Una cosa es que tú quieras andar de loca, ¿pero a poco crees que alguien con su clase disfruta de esas locuras como tú?
Blanca asentía, pero de pronto sintió que algo no cuadraba. Petrona la estaba regañando, de eso no había duda, pero... ¿estaba halagando a Melibea?
Blanca miró a Petrona con sospecha. ¿No se suponía que había venido a armar un escándalo? ¿Ahora la estaba elogiando?
Melibea se dirigió a Petrona con respeto: —Doña Petrona, lamento profundamente los problemas que le he causado a la familia Escalante. Pero si consigo el primer lugar en la final, podré demostrar que no hubo ningún favoritismo de su parte, y la crisis del Grupo Escalante se resolverá. De todos modos, quiero disculparme por las molestias que les he ocasionado.
Petrona, al escuchar a Melibea, se volvió hacia Blanca. —¿Ya oíste? Escúchala bien. Mírense las dos, de generaciones diferentes. Ella es madura y serena, y luego estás tú... ¿No será que nacieron en la época equivocada?
Melibea era madura, serena, con un aire intelectual; Blanca era impulsiva, caprichosa y un torbellino.
Blanca se sintió extraña. Entonces, ¿no había venido a atacarla, sino a ayudarla? ¿Sacrificándose en el proceso?
—Melibea, ¿confías en que puedes derrotar al concursante de Iridio? Si no estás segura, puedo hacer que se encarguen de él.
Blanca se quedó de una pieza. Si Petrona hacía eso, ¿no estaría confirmando que la familia Escalante realmente la estaba ayudando?
Aunque ella también quería ayudar a Melibea, que esas palabras vinieran de Petrona hacía que todo se sintiera... extraño.
—Mamá, ¿no estabas preocupada de que Melibea afectara a la familia? ¿Cómo es que ahora te ofreces a deshacerte de alguien por ella?
—Hay que tener claras las prioridades. Además, entre Alborada e Iridio hay un odio que corre por la sangre, y todavía se atreven a provocarnos. Melibea, escúchame bien, tienes que derrotarlo.
Así que... ¿Petrona había llamado a Melibea solo para darle la orden expresa de que debía derrotar al concursante de Iridio?
Era un rasgo curioso de su gente. No importaban sus habilidades individuales, al enfrentar a alguien de Iridio, se volvían más fuertes. Ante ellos, la unidad era absoluta.
—Doña Petrona, lo haré.



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