Blanca se frotó la frente, incómoda, y continuó:
—Es una gran oportunidad, pero… ¿te mudarás?
Lo que más temía Blanca era que Melibea se mudara. Si eso sucedía, sentía que el riesgo sería aún mayor.
Melibea estaba en un dilema, pero de pronto tomó una decisión.
—Creo que lo del instituto puede esperar. Iré cuando Salomón y Selena se hayan recuperado.
Era difícil elegir cuando se trataba de sus sueños, pero Melibea creía que una persona debía tener palabra y ser dedicada en su trabajo.
Esperaría a que ambos se recuperaran antes de ir al instituto. Si para entonces la oportunidad se había ido, sería cosa del destino.
—¡De ninguna manera! Tienes una oportunidad de oro frente a ti. Los institutos no siempre tienen vacantes. Si lo pospones, ¡pensarán que te estás haciendo la difícil a propósito!
Aunque Blanca estaba un poco preocupada, no soportaba ver a Melibea renunciar a sus aspiraciones.
—Puedes venir después del trabajo a darme el tratamiento a mí y a Selena —intervino Salomón—. Aunque no cumplas con el horario completo, ¡no soy de los que explotan a sus empleados!
Blanca miró a su hijo. «¿Desde cuándo cuenta chistes?».
Pero lo importante era que apoyaba los sueños de Melibea, y eso era bueno.
—Meli, si él está de acuerdo, ¿qué más dudas? Aunque, ¿no será muy agotador para ti ir y venir todos los días?
Melibea se sintió reconfortada al ver la preocupación de Blanca. «¿Por qué siempre piensa en mí?».
—Con lo mal que manejas, no me fío de que monte en tu motocicleta.
—¿Cómo que motocicleta? Es una de alto cilindraje, muy llamativa, ¿sabes?
—Muy llamativa, pero no segura. Haré que el chófer la lleve y la recoja.
—El chófer no la cuidará como yo. Tengo que ir yo misma. Y si no te parece, iré a decírselo a tu abuela. Ese tal Jenaro es guapo, el académico más joven del país, muy carismático. Si Meli trabaja en su instituto, a río revuelto, ganancia de pescadores.
Blanca lo decía con una sonrisa, pero el rostro de Salomón se ensombrecía cada vez más.
—Supongo que la abuela no estaría muy contenta de que Meli se fuera —continuó Blanca, fingiendo preocupación—. Y ella es muy astuta. Aunque Meli no es de la familia, está recibiendo un sueldo de los Escalante. Sería normal que la abuela no la dejara ir, ¿no crees?

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