Entrar Via

Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 354

—Renán, ¿te caíste al estanque?

Al ver que Salomón se burlaba de él otra vez, Renán estuvo a punto de explotar de rabia.

Se lanzó a las piernas de Melibea y exclamó:

—¡Mami, fue este señor malo! ¡Él me empujó!

Melibea miró a Salomón con extrañeza, pero él solo puso una expresión de inocencia.

—Aunque seas un niño, no deberías ser tan manipulador. Deberías quedarte a mi lado una temporada, para que te enseñe a ser un hombre de verdad.

Las palabras de Salomón enfurecieron a Renán.

—¡¿Qué te pasa?! ¿Por qué iba a quedarme contigo? ¡Soy Renán, tengo mi propio papá y ya soy un hombrecito! ¡No necesito aprender nada de ti!

Salomón soltó una risa suave. El niño tenía carácter.

—Si de verdad fueras un hombrecito, le dirías a tu mamá que intentaste empujarme, pero que perdiste el equilibrio y te caíste tú solo. Eso es lo que haría un hombre.

Melibea frunció el ceño aún más. ¿Su hijo había intentado empujar a Salomón al estanque? Por más que fuera un niño, una acción así era imperdonable.

—Renán —dijo Melibea con una seriedad repentina—, ¿es verdad lo que dice? ¿Quisiste empujarlo?

Renán, furioso, no respondía. Salomón añadió con calma:

—Poner excusas no es de hombres.

Renán se sintió acorralado y no tuvo más remedio que admitirlo.

—Sí, mami, quise empujarlo. ¡Porque es un hombre malo! ¡Él te robó! Si no fuera por él, ¿tú y papá se habrían divorciado?

Melibea frunció el ceño con más fuerza. ¡Realmente había intentado hacer daño!

—Renán, sin importar la razón, ¿cómo se te ocurre intentar empujar a alguien a un estanque? ¡Eso es una locura! Además, ¿cómo puedes decir que mi divorcio con tu padre fue por su culpa?

Al escuchar las palabras de Renán, Salomón sintió una extraña punzada de satisfacción.

Andrés y Selena se acercaron. Andrés se sorprendió al ver a Renán hecho una sopa.

—Renán, ¿qué haces en mi casa? ¿Y por qué estás así? Jaja… qué chistoso, pareces un pollo mojado.

Selena hizo un gesto con las manos.

[Hermano, su ropa está toda mojada. Préstale algo tuyo para que se cambie.]

—¿Quieres que le preste mi ropa?

Andrés se mostró sorprendido y reacio. Selena insistió con otro gesto.

Aunque no quería, Andrés nunca le negaba nada a su hermana, ni siquiera cuando se trataba de la persona que más detestaba.

Se dirigió a uno de los sirvientes de la mansión.

—Ve a buscar un conjunto de mi ropa y dáselo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!