Andrés estaba dispuesto a prestarle su ropa a regañadientes, pero para su sorpresa, Renán se negó.
—Olvídalo —dijo con desdén—. ¡Quién querría usar tu ropa!
—Vaya, vaya. ¿Así que rechazas mi amabilidad? Bueno, como quieras, no te voy a obligar. Pero sigo sin entender qué haces en mi casa, y mucho menos en ese estado. Que yo recuerde, no te hemos invitado.
Renán se sonrojó de ira y vergüenza.
—¡Vine a buscar a mi mamá! —gritó.
Melibea, sin saber por qué Renán había aparecido de repente, lo miró empapado y le dijo:
—Ven conmigo a mi habitación. Tienes que quitarte esa ropa mojada.
Fuera como fuese, lo primero era que Renán se cambiara.
—Lo llevaré a que se cambie y luego haré que se disculpe contigo.
Al fin y al cabo, había sido su hijo quien había intentado empujar a Salomón.
Dicho esto, se llevó a Renán. Selena volvió a hacerle un gesto a Andrés.
[Hermano, si no le prestas tu ropa, ¿qué se va a poner cuando Meli se lo lleve?]
Andrés hizo una mueca.
—Pero él no la quiso. ¿Y todavía esperas que le ruegue después de que me hizo el feo?
***
Melibea llevó a Renán a su habitación y le dio una toalla limpia para que se secara.
—Intentaste empujar a Salomón al lago y terminaste cayendo tú —dijo ella—. ¡Eso te pasa por buscarlo! ¡Te lo mereces!

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