Justo en ese momento, Andrés entró con un cambio de ropa.
Aunque no quería, había decidido seguir las instrucciones de su hermana. Lo que no esperaba era entrar y escuchar a Renán chantajeando emocionalmente a Meli.
Andrés irrumpió en la habitación.
—Renán, ¿estás loco? ¿Acaso no sabes cómo trataba tu abuela a Meli?
—Aunque mi abuela se haya equivocado, ahora es una paciente y necesita tratamiento.
Andrés soltó una carcajada y alzó la voz.
—Si necesita tratamiento, que busque un médico. Meli no es la única doctora en el mundo. ¿No se la pasan presumiendo de su dinero? ¿Qué, no les alcanza para contratar a un médico? ¡La familia Escalante puede financiarlos, con tal de que dejen de molestar a Meli!
Las palabras de Andrés humillaron a Renán.
En el kínder, la familia Ortega siempre había sido la de mejor posición, y él siempre había sido muy arrogante al respecto.
Ahora, el poder de la familia Escalante superaba al de la suya, lo que era una bofetada en la cara.
—Nuestros asuntos familiares no son de tu incumbencia.
Dicho esto, Renán se dirigió a Melibea.
—Mami, sé que puedes salvar a la abuela. Te lo ruego, por favor, sálvala. Está sufriendo mucho.
Ante las súplicas de Renán, Melibea se limitó a responder con calma:
Renata quería mucho a Renán, y él no quería ver a su abuela postrada en una cama, lamentándose día y noche.
—Ya te dije que no tengo forma de curarla. Estará paralizada por el resto de su vida.
Las palabras de Melibea dejaron a Renán profundamente decepcionado.
La miró, y en sus ojos había incluso un rastro de aversión.
—Mami, no sabía que eras tan cruel, capaz de quedarte de brazos cruzados viendo a alguien morir. Ni siquiera porque te lo ruego, ni siquiera porque vine hasta la casa de los Escalante a suplicarte, estás dispuesta a salvar a mi abuela. ¡Bien! No volveré a rogarte. Me voy ahora mismo.
Tras decir eso, sin importarle su cuerpo empapado, se dispuso a marcharse. Incluso le arrebató la ropa a Andrés de las manos y la tiró al suelo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!