Renán incluso la pisoteó con rabia.
—¡Quién quiere tus trapos viejos!
Renán se dio la vuelta para irse, pero Melibea lo detuvo.
—¡Renán, detente!
Él se paró en seco.
—¿Te arrepentiste, mami? —preguntó, pensando que ella solo accedería a ayudar a su abuela después de que él se enfadara. «Qué complicada es mi mamá», pensó.
—Renán, Andrés tuvo la amabilidad de prestarte su ropa, ¿cómo puedes hacer algo así? —dijo Melibea, enojada—. ¡Discúlpate con él ahora mismo!
Así que no era para salvar a su abuela, sino para hacerlo disculparse con Andrés.
¡Su madre realmente estaba de parte de Andrés!
—No necesito su falsa amabilidad —replicó Renán, furioso—. ¿Crees que me trajo la ropa porque quería que me la pusiera? Solo vino a burlarse de mí.
Andrés se quedó mudo de la rabia. Como si de verdad le urgiera prestarle su ropa. Si no fuera porque su hermana se lo pidió… ¡Era un completo malagradecido!
—Si no fuera porque mi hermana me pidió que te prestara la ropa, ni me habría molestado.
—Claro, ¡ambos son unos actores!
—¡Renán, cállate! —exclamó Melibea, enfadada—. Tienes que disculparte con Andrés.
—Pues no me voy a disculpar.
—Renán, hoy viniste a escondidas a casa ajena, intentaste empujar a Salomón al lago, y ahora que Andrés te trae ropa amablemente, la tiras al suelo. ¡Ya no distingues el bien del mal! —lo regañó Melibea.
—Ahora solo sabes regañarme a mí. Hace tiempo que dejaste de considerarme tu hijo. Supongo que ahora tus hijos son Andrés y Selena. No entiendo qué tengo de menos que ellos. Uno es un bruto maleducado y la otra es una muda que ni siquiera puede hablar, y aun así los tratas como si fueran tesoros. Es ridículo.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!