Justo cuando la joven estaba por irse, Fernando la detuvo.
—¡Espera!
Ella se frenó de golpe, pensando que el anciano había cambiado de opinión, y volteó a verlo.
Sin embargo, Fernando dirigió su mirada hacia Cecilia.
—Doctora Ortiz, hágale el favor de checar a la muchacha para ver cómo está de salud. La veo muy pálida y cansada; me preocupa que eso afecte el embarazo.
La enfermera, sin sospechar las verdaderas intenciones detrás de la petición, creyó que el señor por fin se preocupaba por su bebé y levantó la barbilla con orgullo.
—La verdad es que me he sentido fatal, no retengo nada de lo que como y no tengo a nadie que me cuide.
—Sería ideal si pudieran contratarme a una muchacha que me ayude en la casa y me consiguieran un departamento más grande. Estar cómoda es fundamental para el bebé.
No se podía decir que ella fuera del todo tonta, pues sabía que en ese momento era imposible que la aceptaran en la mansión de la familia Calvo, así que ni siquiera lo mencionó.
Pero tampoco era una genio; apenas le daban la mano y ya se estaba agarrando el pie con tantas exigencias. ¿De verdad creía que Fernando le estaba ofreciendo una consulta médica por pura bondad para salvar a la criatura?
Cecilia no le rompió la burbuja, simplemente sonrió.
—No soy especialista en ginecología.
—No importa. Sé que los doctores particulares como usted le saben a todo. El doctor Hernández dijo que usted es muy buena, así que una revisión general no debería ser problema.
Ya que Fernando había insistido hasta ese punto, a Cecilia no le quedó de otra más que acercarse y tomarle el pulso a la joven.
Aunque ella cooperó, no pudo evitar mostrar su desconfianza.
—La doctora Ortiz se ve muy chavita, ¿no? Parece estudiante que ni siquiera se ha graduado.
Cecilia le dedicó una sonrisa maliciosa.
—Apenas estoy en mi primer año de la universidad.
—¡Ay, por favor! —La joven solo quería quejarse de su juventud por miedo a un mal diagnóstico, pero no creyó ni por un segundo que apenas estuviera en su primer año.
¡Era la doctora de un hombre muy influyente! ¿Cómo iban a dejar que una simple estudiante lo atendiera?
En ese momento, Cecilia estaba actuando con una frialdad clínica absoluta. No se puso en los zapatos de la paciente, simplemente se limitó a dar un diagnóstico objetivo.
Después de todo, no sabía si la mujer realmente deseaba ser madre o si solo veía a ese bebé como un boleto de lotería para asegurar su futuro.
Ante ese tipo de personas, Cecilia solo sentía lástima por la criatura, no por la madre.
—Ya puedes retirarte —le dijo Fernando, haciéndole una seña con la mano.
Ella quiso seguir discutiendo, pero Roberto ya la estaba empujando hacia la salida. Afuera había dos guardias de seguridad, así que no podría volver a entrar.
Fue entonces que Fernando volvió a dirigirse a la joven médica.
—Doctora Ortiz, ¿cuál es la verdadera situación de esa muchacha?
Cecilia había sido totalmente sincera, así que no tenía mucho más que añadir.
—Como le dije, si sigue sometiendo su cuerpo a tanto estrés, perderá al bebé. De por sí, la semilla de la que provino era muy débil; que haya logrado quedar embarazada ya es un auténtico milagro.

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