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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1536

Hizo la pregunta directamente; al menos quería saber quién lo iba a matar antes de dar su último suspiro.

No quería morir en la ignorancia, sin siquiera entender el motivo.

Aunque el subcomandante había logrado escapar, también estaba envenenado. Además, esos sujetos estaban fuertemente armados y entrenados; las probabilidades de que Haroldo saliera vivo eran escasas.

Y mucho menos de que lograra salir del Monte Nebuloso para traer refuerzos.

—Quiénes somos no tiene la menor importancia. Lo que verdaderamente importa es que, si cooperan con nuestros experimentos, tal vez no mueran tan rápido.

—Ustedes son de Estrellonia, ¿verdad? —El joven soldado no era ningún idiota. Esos tipos hablaban sin ningún reparo frente a ellos, seguros de que terminarían matándolos a todos.

La gente de Mirasia jamás establecería un laboratorio ilegal de experimentación en pleno Monte Nebuloso.

El lugar era una trampa mortal y, aunque los de Mirasia decían confiar ciegamente en la ciencia, sabían perfectamente que donde termina la ciencia, empiezan los mitos.

Todos sentían un profundo respeto por lo desconocido de la naturaleza.

Adentrarse a explorar ya requería muchísimo valor, ¡mucho más establecer una base experimental oculta en las entrañas de la montaña!

Por lo tanto, la verdadera identidad de esos hombres era más que evidente.

Además, acababa de escuchar al doctor dirigirse al otro líder usando el nombre "Renato".

¡Ese nombre era innegablemente estrelloniano!

—Efectivamente, somos de Estrellonia. Pero, para ser honesto, detesto tu mirada —murmuró Renato, desenfundando su arma lentamente.

Apuntó directamente al ojo del joven soldado. ¡Y apretó el gatillo!

La bala rasgó el aire, directa a incrustarse en el ojo del muchacho.

Pero a mitad de camino, un estruendo metálico resonó. Otra bala interceptó el proyectil en el aire, desviándolo con una precisión aterradora.

Y no solo eso, el tirador oculto comenzó a descargar su arma directamente hacia la posición de Renato.

Renato, con reflejos felinos, se arrojó a un lado y respondió al fuego apuntando hacia donde se escondía Haroldo.

—Lo sabía, no habías huido —dijo Renato con una sonrisa macabra.

¡Lo habían descubierto!

Solo entonces Haroldo comprendió que había caído redondo en la trampa.

Renato había intentado asesinar a Jairo única y exclusivamente para obligarlo a salir de su escondite.

—¡Libera a mis hombres y yo me quedaré como tu sujeto de prueba!

—¡Mis parámetros físicos son infinitamente superiores a los de ellos!

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