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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1402

Oh, hasta llegó a sospechar que ella tenía intenciones ocultas y que usaba el tratamiento como excusa para tener citas con él.

¿Por qué de repente se mostraba tan adulador?

¿Sería por Agustín Sandoval?

Al enterarse de que ella ya tenía prometido, ¿perdió el miedo a que se interesara en él?

Cuando Guillermo notó la mirada de Cecilia, la sonrisa se le congeló en el rostro.

¿Qué pasaba? ¿Acaso había dicho algo inapropiado?

Los demás preguntaron con curiosidad:

—¿Ceci es realmente tan increíble?

En especial Adolfo, quien la miró intrigado:

—Ceci, me pregunto si en la medicina natural hay algún remedio para la garganta.

—Uno que tenga buen efecto, pero que no sepa amargo.

Cecilia notó que, al hablar, la garganta de Adolfo sonaba perfectamente bien.

Entonces, se le iluminó la mente. Había escuchado que la familia de Adolfo trabajaba en diplomacia.

Y recordó a cierto diplomático de apellido Pineda: Patricio Pineda.

Aunque Patricio ya era un hombre maduro, tenía innumerables seguidores en internet.

Este diplomático elegante, gracias a su sentido del humor y comentarios perspicaces, se había ganado la atención del público.

Por supuesto, a muchos también les encantaba su buen aspecto, catalogándolo como el modelo de la distinción.

Hablando de eso, desde la fundación de Mirasia, todos los diplomáticos se caracterizaban por tener una excelente imagen.

—¿Lo preguntas por algún familiar, Adolfo? Podría preparar una infusión de hierbas.

—Es excelente para la garganta, ayuda a la salud en general y no afecta el sueño.

Como Cecilia lo había adivinado, Adolfo fue directo al grano.

—Mi papá usa mucho su voz a diario y es inevitable que sienta molestias. Suele usar cosas como fruto del monje y otras hierbas para aliviarla.

—De acuerdo —respondió Cecilia, adivinando sus intenciones sin exponerlas.

Con esta intervención de Adolfo, todos se entendieron sin necesidad de palabras.

Máximo Cordero, por su parte, debido a su relación con Enzo, confiaba plenamente en Cecilia.

Horacio Heredia se mantuvo en silencio, quizás esperando los resultados de la prueba de Adolfo.

Yago Yáñez observó a Cecilia con vacilación y luego miró a Guillermo Corrales.

—Yago, si tienes algo que decir, dilo directamente. Me pones nervioso mirándome así.

Guillermo se sintió incómodo bajo su intensa mirada.

—Solo quería preguntar, Ceci, ¿de verdad puedes curar las piernas de Guillermo?

—Podrá curarse por completo, aunque dependerá de su rehabilitación posterior.

—Pero de que volverá a ponerse de pie, de eso no hay duda —aseguró Cecilia, sin exagerar demasiado.

¿Qué pasaría si después Guillermo no cooperaba con el tratamiento o si surgía algún contratiempo imprevisto?

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