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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1410

—El mayor no muestra ni una sola señal; el segundo está comprometido, pero su prioridad es su carrera.

—En cuanto al tercero, de repente también le ha dado por enfocarse en el trabajo.

—Antes escuché que tenía novia, pero ahora ya ni siquiera hay rumores de eso.

Cecilia, recordando la facilidad con la que Enzo cambiaba de parejas, comentó:

—Creo que no tienes que preocuparte por mi primo Enzo, él mismo buscará una novia.

—Y aunque no la busque, habrá quienes se acerquen a él solas.

A Esteban Ortega no le convenció mucho la idea.

—Me temo que tus hijos ya estarán en la escuela y ellos todavía seguirán solteros.

Cecilia soltó una carcajada:

—Te preocupas demasiado, ¿no crees?

—No quiero preocuparme, cada quien tiene su propio destino.

Aunque de la boca para afuera lo negaba, en el fondo era evidente que don Esteban ansiaba ver a sus nietos formar sus propias familias cuanto antes.

Con la edad, era normal que la cabeza no parara de dar vueltas.

Cecilia decidió acompañarlo hasta su habitación y se tomó el tiempo para darle un masaje relajante completo.

Cuando terminó, el anciano ya estaba roncando a pierna suelta, así que por fin pudo dirigirse a su cuarto a descansar.

Los días siguientes, Cecilia se dedicó en cuerpo y alma a atender a sus pacientes.

Y en los ratos libres se enfocaba en CÉ, donde ya estaba en pleno desarrollo de la tercera línea de productos.

Andaba tan atareada que a veces apenas tenía un minuto para revisar su celular.

En medio de ese ritmo frenético, tuvo que asistir a una comida de la familia Ortega.

El evento fue orquestado por Esteban Ortega, reuniendo a todos en la mansión principal.

Incluso Aurora Ortega regresó del extranjero; su presentación había sido un éxito rotundo y logró sumar dos créditos extras.

De acuerdo con los planes de Aurora, ya estaba a un paso de su último año universitario, por lo que este nuevo premio sería su carta de presentación ideal para asegurarse un buen puesto en el gobierno.

Al enterarse de sus logros, el resto de la familia la llenó de elogios.

—Aurora, si entras a hacer tus prácticas en una institución estatal durante tu último año, ¿podrás quedarte si haces un buen trabajo?

Pero sin ese título, era imposible cumplir las expectativas de su casa.

Toda su familia estaba encima de ella, exigiéndole que estudiara hasta perder el sueño.

—¿Qué tiene de malo estudiar un posgrado? —Mercedes le dio un leve golpe en la nuca a su nieta.

La familia Blancas provenía de una tradición académica y su mayor orgullo sería ver a todos sus hijos en la docencia universitaria.

Las metas que le imponían a Patricia no se quedaban en una maestría; esperaban que sacara un doctorado y lograra un puesto fijo en la universidad.

Con los menores, Hernán y Marina Blancas, la presión bajaba un poco.

Marina miraba por encima del hombro a Cecilia y ni siquiera se había molestado en acercarse a saludarla.

Su pasatiempo favorito era perseguir a Davis Ortega, lástima que él apenas y registraba su existencia.

Hernán tampoco se acercó, pero él y Davis al menos tenían algo de qué hablar, pues ambos estaban a nada de enfrentarse al examen de admisión.

—La prima Ceci es la verdaderamente asombrosa. Aunque no voy a la misma escuela que ustedes, ya he escuchado hablar mucho de ti.

Mientras lanzaba cumplidos a Aurora, Patricia tampoco dejó pasar la oportunidad de reconocer a Cecilia.

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