Aunque no pudiera destruir por completo la posibilidad de que Yonatan terminara con esa chica, al menos se encargaría de hacerles la vida imposible.
Mientras la familia Quintero celebraba su emotivo reencuentro, Cecilia y la tía Lorena simplemente se quedaron como espectadoras.
Leire no solo presentó el álbum de fotos como evidencia; también le entregó a su nuera y a su nieto una carpeta con toda la información que había recopilado a lo largo de los años.
—Con esto queda más que demostrada mi identidad. Aparte de eso, esta tarde nos haremos una prueba de ADN.
—Con esos resultados, no quedará la menor duda.
Si Bárbara y Yonatan eran precavidos, Leire lo era el doble.
Aunque durante todo ese tiempo había llevado la búsqueda con total discreción, siempre había filtraciones.
Hubo oportunistas que intentaron engañarla presentando impostores e, incluso, falsificando pruebas de paternidad.
Por eso, aunque todas las piezas encajaran a la perfección y estuviera segura de que había encontrado a los suyos, Leire exigía la prueba de ADN.
No iba a entregar su imperio a ciegas, guiándose solo por la emoción del momento.
—Y en cuanto a tu pierna, hijo, si queremos asegurar una recuperación total, puedes venir conmigo al extranjero.
—Allá cuentan con la mejor tecnología médica, y mientras haces tu rehabilitación, puedo empezar a enseñarte sobre los negocios de la familia.
—Sé que la familia Quintero tiene varios supermercados y que no les falta el dinero, Bárbara, pero un joven de su edad necesita forjarse un futuro a lo grande.
—Aunque no le apasionen los negocios, debe aprender lo básico para que, el día de mañana, los ejecutivos que contrate no le vean la cara de tonto.
¿Qué ejecutivos?
Aunque Bárbara vivía con comodidad, su fortuna era el resultado del trabajo de generaciones anteriores, y ella nunca había sido una mujer de grandes ambiciones empresariales.
Al escuchar a su suegra hablar con tanta soltura de ejecutivos, se preguntó de qué tamaño sería la herencia que le esperaba a su hijo.
¿Esto no era como sacarse la lotería sin comprar boleto?
Y aunque la noticia la tomó por sorpresa, a nadie le amarga un dulce.

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