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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1796

El encanto de la riqueza ciega los ojos. Ella sentía que un pequeño desvío temporal no tenía nada de malo.

Como Agustín Sandoval finalmente no le dijo nada a Fabrizio, ella pensó que al señor Sandoval, en el fondo, no le importaba en absoluto la vida amorosa de su secretario.

Sin embargo, lo ocurrido anoche le dejó claro a Nina que Agustín les había dado una oportunidad a ella y a Fabrizio.

Pero ella no supo aprovecharla.

Por suerte, se había topado con Josué.

Aunque Josué no era tan poderoso ni tan asquerosamente rico como Agustín Sandoval, representaba una felicidad que sí podía tener en sus manos.

Por muy sobresaliente que fuera Agustín, de nada servía si no podía controlarlo.

Al comprender esto, y bajo la insistencia de Josué, Nina finalmente cruzó su propia línea de moralidad.

Sacó las llaves del departamento de su bolso. Al abrir la puerta, lo primero que vio fue el peluche que ella misma había elegido.

Luego, vio su equipaje, perfectamente empacado y ordenado en medio de la sala.

Nina suspiró aliviada; parecía que había ganado la apuesta.

—¿Pensabas irte sin despedirte?

Justo cuando Nina pensaba salir corriendo con su maleta, la voz de Fabrizio resonó en la sala.

Él salió de una de las habitaciones, dándole un susto tan grande a Nina que se le cayeron las cosas de las manos.

—Fa... Fabrizio, ¿qué haces en casa?

Al ver el terror en su rostro, Fabrizio esbozó una sonrisa de burla:

—Si me tienes tanto miedo, ¿entonces por qué volviste por tu equipaje?

—Si ya encontraste a alguien mejor, supongo que ya no necesitas nada de esto, ¿verdad?

Nina se quedó callada. Aunque Josué era bastante generoso con ella, tampoco era al nivel de darle una tarjeta de crédito sin límite.

Para mantener su fachada de mujer reservada, tampoco le había exigido regalos costosos como esas cazafortunas descaradas.

El dinero que tenía ahora seguía siendo la mesada que Fabrizio le daba para sus gastos.

Pero no podía decirle eso a Fabrizio; temía que él se burlara de ella.

Había apostado en grande y no quería perder.

¡Pero Fabrizio lo adivinó!

Solo con ver que Nina no iba vestida con ropa mucho más fina que antes, supo que lo que había conseguido de Josué era bastante limitado.

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