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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1630

—Los dividendos se depositarán en tu cuenta cada año.

—No es una fortuna, pero tómalo como tu aguinaldo, para tus gastos personales.

—Si te hace sentir mejor, imagínate que es un regalo de Navidad adelantado de parte mía y de Amelia.

Cecilia se quedó sin palabras. *Vaya regalito de Navidad, sí que tiraron la casa por la ventana.*

No es que Cecilia no hubiera escuchado hablar de esa empresa de videojuegos. Aunque desarrollaban juegos sencillos, facturaban millones todos los días.

Si esto era el "aguinaldo" a fin de año, iba a necesitar una bóveda en lugar de un sobre para guardarlo.

—En ese caso, muchas gracias, Horacio, y agradécele también a mi hermana Amelia.

Al ver que Horacio no aceptaría un no por respuesta, Cecilia firmó los papeles sin darle más vueltas.

Si firmar los dejaba tranquilos, ¿por qué no hacerlo?

Cecilia lograba entender bastante bien la mentalidad de tipos como Horacio.

Incluso si él no lo hacía con mala intención, esa era la forma en que estaban acostumbrados a operar.

Su instinto básico era saldar cualquier favor lo más rápido posible, para no quedarse atados a una deuda moral más grande en el futuro.

A Cecilia eso la tenía sin cuidado.

Desde su perspectiva, las probabilidades de que alguna vez tuviera que suplicarles ayuda a estos hombres eran prácticamente nulas.

Tenía suficientes cartas bajo la manga para no depender de nadie.

Fue solo más tarde que Horacio cayó en cuenta de que quizás había metido la pata.

Incluso le pidió a Adolfo Pineda que hablara con Cecilia para tantear el terreno.

Como Adolfo había tratado más con ella debido al asunto de su padre, sentía que había más confianza.

Además, Adolfo era un maestro de las palabras; cuando él hablaba, la gente solía escuchar.

Adolfo no se negó a ayudar a su amigo, pero le dejó claro que lo que había hecho fue una total falta de tacto.

—Entiendo que estés acostumbrado a arreglar las cosas así, pero al hacerlo, menospreciaste a Ceci.

—Horacio, te lo digo en serio: el talento de esa chica es casi único en todo el medio médico.

—Ni siquiera Isaac, el heredero de los Hernández, le llega a los talones.

Si Horacio intentaba pedirle otro favor en el futuro, estaba por verse si ella siquiera contestaría el teléfono.

Que la chica fuera callada no significaba que fuera alguien de quien se pudieran aprovechar.

Sin embargo, Adolfo y Horacio eran amigos de toda la vida.

Aunque no le daba la razón, si Horacio se lo pedía, él intentaría arreglarlo. Hasta dónde llegaría el perdón dependería completamente de Cecilia.

Adolfo pensó que una llamada no sería suficiente para arreglar un malentendido de este tipo.

Decidió invitar a Cecilia a almorzar el fin de semana para platicarlo en persona.

Lástima que ese fin de semana, Adolfo no tendría ninguna oportunidad de verla.

El viernes, apenas terminó sus clases, Cecilia fue interceptada por el doctor Acosta y su equipo.

Había una conferencia médica importante al día siguiente, y Cecilia debía participar en una mesa redonda con otros colegas. El doctor Acosta quería reunirse con ella para afinar los detalles de su presentación.

Cecilia estaba sumamente agradecida por la oportunidad y se dedicó por completo a prepararse.

Así que, cuando llegó a casa por la noche y recibió la llamada de Adolfo invitándola a comer, lo rechazó sin dudarlo un segundo.

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