—Nuestro abuelo murió en la guerra por culpa de los estrellonianos, por eso ella detestaba ese país.
—Para mi tía, su propia hija se había convertido en una traidora.
Dora meneó la cabeza y dejó escapar un suspiro.
Lo cierto es que en familias como la suya no solían permitir que los jóvenes fueran a estudiar a Estrellonia.
Pero su prima se había obsesionado tanto que aplicó a la beca en secreto y se largó sin decirle a nadie. Pasó años sin comunicarse con su familia.
El amor de su tía por su hija debió estar mezclado con un profundo resentimiento.
Cuando Isabella regresó a casa, la relación con su madre seguía rota.
—¿Tu tía solo se peleó con ella esa vez o le volvió a decir algo parecido después?
A Cecilia le parecía una locura. Primero, que la hija se encaprichara tanto con ir a Estrellonia.
Y segundo, que la madre estuviera dispuesta a desconocer a su propia hija solo por haberse ido a estudiar allí.
Por más rencor que le tuviera a Estrellonia, si Isabella no había hecho nada que traicionara a su país, no tendría por qué ser un pecado tan imperdonable.
Aun así, parecía que el desprecio de la tía de Dora hacia ese lugar era tan fuerte que no sonaba descabellado que quisiera cortar lazos con ella.
Aunque echarle en cara todo eso solo cuando estaba tomada ya parecía un acto de clemencia.
—No —respondió Dora con la mirada nublada por la tristeza—. Mi tía ya falleció.
Cecilia se quedó sorprendida.
—Lo siento mucho. ¿Fue por alguna enfermedad?
—Un accidente de tráfico —exclamó Dora, golpeando el barandal con rabia—. Un maldito conductor de camión que venía borracho... No te imaginas cómo quedó mi tía.
La verdadera madre de Dora había fallecido muy joven, y su tía la había criado como si fuera sangre de su sangre.
Por eso, la muerte de su tía era una herida que Dora jamás había podido sanar.
—Eso es espantoso... —Cecilia se quedó sin palabras, no sabía cómo consolarla.
—¿Fue idea de tu prima acompañarte hoy, verdad? —preguntó Cecilia de golpe, buscando cambiar de tema.
Dora parpadeó, asombrada de que Cecilia hubiera atinado tan rápido.
—¿Sabes que está loca por el Profe Ortega?


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