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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1817

—Y me enteré del mejor chisme: dicen que el señor Blancas andaba metiéndose con una mujer casada, ¡y que el marido los pescó con las manos en la masa en su propio departamento!

¿Qué?

Moana se quedó boquiabierta. ¿De dónde había salido esa versión de la historia?

Aunque la noche anterior en el video ella había notado que había un hombre y una mujer involucrados en la paliza, no era lo que pensaban...

De pronto lo comprendió: seguramente alguien filtró ese rumor a propósito para arruinar por completo la reputación de Beltrán.

¿Habría sido obra de Valentín?

Como fuera, Beltrán no estaría en la oficina por unos días, lo que significaba que su capacidad para ponerle el pie y complicarle la vida a Moana sería mínima.

Además, con lo adolorido que debía estar, seguro ni siquiera tendría cabeza para pensar en ella.

Moana vio ahí la ventana de oportunidad perfecta para asegurar su plaza y marcharse al extranjero.

Aunque Beltrán intentara detenerla después, ya sería demasiado tarde.

Su solicitud ya estaba aprobada, y la empresa no era propiedad exclusiva de la familia Blancas, por mucho que él actuara como si lo fuera.

Para cuando ese tipejo regresara al trabajo, lo único que podría hacer sería berrinches de impotencia.

Los trámites de Moana avanzaron rápido, aunque en los pasillos de la oficina los rumores sobre lo sucedido esa noche no dejaban de correr.

Aun así, a ella le tenía sin cuidado.

Había desarrollado una armadura contra las miradas juzgonas y los murmullos a sus espaldas.

Carlota Galván, su colega y buena amiga, se acercó a decirle en confianza las barbaridades que algunos andaban diciendo. Según los chismes más venenosos, Moana estaba coqueteando con Beltrán para obtener favores mientras al mismo tiempo se enredaba con su amor de la universidad.

—No te imaginas lo asquerosos que son los comentarios.

—Si no fuera porque temo empeorar las cosas para ti, les habría armado un escándalo ahí mismo.

—En especial esos dos tipos de contabilidad, son unos cerdos. Dijeron que tú... —Carlota se detuvo, incapaz de repetir la ofensa.

—Mira, Moana, yo sé perfectamente la clase de mujer que eres.

—Ese compañero tuyo de la universidad es mil veces más guapo que Beltrán. Si de verdad estuvieras saliendo con alguien así, ¡ni loca te fijarías en el sapo de tu jefe!

—Hablando claro, Beltrán es un don nadie con el ego por las nubes.

—Se cree el dueño del mundo solo porque su familia tiene un par de centavos sucios.

—¿Acaso cree que es el único que tiene buenas conexiones?

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