Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1819

El exempleado no tenía ninguna intención de seguir perdiendo su tiempo charlando con Beltrán. A fin de cuentas, ya no era su jefe.

—Si me disculpa, ya casi es mi hora de salida, tengo que irme.

Al escuchar eso, a Beltrán le hirvió la sangre.

Si esto hubiera pasado tan solo hace un par de días, habría destrozado a ese infeliz hasta obligarlo a suplicar piedad de rodillas.

Pero las cosas ya no eran así.

Lo fulminó con una mirada cargada de odio.

—Lárgate.

El empleado sintió un ligero escalofrío y se maldijo a sí mismo por tener la mala suerte de habérselo cruzado.

Todo por haberse dejado llevar por la satisfacción de verlo destruido y bajar la guardia.

Una vez que el empleado se retiró, Beltrán fue directo a buscar a quien antes era su jefe superior.

En los buenos tiempos, ambos habían sido uña y mugre, encubriéndose mutuamente en todos sus chanchullos.

Pero ahora que Beltrán había sido despedido, su exjefe apenas y se había salvado. De hecho, lo habían bajado de puesto, desterrándolo al departamento de logística.

Y la única razón por la que no lo echaron a la calle fue gracias a los contactos que tenía su familia.

Beltrán se dejó caer en la silla de la que alguna vez fue la oficina de su cómplice, respirando con resentimiento.

—La familia de Moana es de Viento Claro, ¿verdad?

—Ella podrá huir, pero su familia no. ¡Me niego a creer que todos se esfumaron!

Su exjefe lo miró con fastidio.

—¿Estás loco? ¿Todavía quieres meterte con su familia? ¿No te has dado cuenta de lo letal que es esa mujer?

—Es periodista, Beltrán. Está claro que planeó cada detalle para hundirnos.

—Si no, no habría podido reunir un expediente tan completo.

—Dejó que las pruebas salieran a la luz justo después de tomar su vuelo. Es obvio que alguien poderoso la está respaldando desde las sombras.

—Y ese alguien no va a dejar que la toques. Sería un suicidio meterte con su familia en este momento.

Si daba un paso en falso, él mismo terminaría en la cárcel antes de darse cuenta.

El exjefe no estaba dispuesto a hundirse por las estupideces de Beltrán.

—Ya investigué quién podría estar ayudándola. Ella viene de una familia común y corriente.

—¿Qué clase de identidad secreta o respaldo podría tener?

El exjefe rodó los ojos con evidente frustración, insultando internamente a Beltrán por su ignorancia.

—No seas imbécil. Ella también creció en Viento Claro. Es absurdo pensar que, en todos sus años aquí, jamás llegó a conocer a alguien con peso pesado.

—¿Valentín algo?

Beltrán no lograba recordarlo con exactitud.

Nunca se molestaba en memorizar cosas que no consideraba importantes.

De pronto, al exjefe se le heló la sangre.

—¿No me digas que te refieres a Valentín Ortega?

—¡Sí, ese mismo! ¿Por qué, lo conoces?

Beltrán sintió un nudo en el estómago.

Hasta ese momento, él creía que el único al que había hecho enojar era a un simple maestrito de universidad con aires de grandeza.

Le enfurecía que Moana prefiriera a un pobre profesor antes que a él, menospreciando a Valentín en su ignorancia.

Pero, ¿y si había sido precisamente ese Valentín Ortega quien movió los hilos para aplastarlo?

—¿Quién demonios es ese tipo?

—Si se apellida Ortega en esta ciudad, ¿quién crees que sea, idiota?

El exjefe lo miró como si estuviera viendo a un hombre con una sentencia de muerte clavada en la frente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana