Frida tampoco armó un escándalo ni se lanzó a confrontar a Adriana o a Máximo, como la chica esperaba. En lugar de eso, se cruzó de brazos y observó la escena con la tranquilidad de quien disfruta de una obra de teatro barata.
Adriana se quedó congelada, envuelta en un silencio incómodo.
Fue Ceci quien finalmente rompió el hielo.
—Creo que Frida no ha malinterpretado nada. De hecho, no podría importarle menos. Te estás preocupando por nada, señorita Medina.
Después del lindo detalle que Frida había tenido con ella, lo mínimo que Ceci podía hacer era apoyarla públicamente.
Frida sonrió con elegancia.
—Ceci tiene toda la razón. Máximo es un adulto libre, puede hablar con quien se le dé la gana.
El rostro de Adriana perdió el poco color que le quedaba. Frente a ellos, se sentía como una payasa que había olvidado su guion.
—Hablé de más, les pido una disculpa —murmuró Adriana, haciéndose pequeñita.
Levantó la vista hacia Máximo, con los ojos llenos de lágrimas a punto de desbordarse.
Máximo abrió la boca por instinto, pero al captar la mirada cargada de advertencia de Frida, cerró los labios de golpe.
Al no recibir ni una pizca de lástima por parte de Máximo, Adriana giró la cabeza hacia Enzo. *Él tampoco tenía corazón. ¿No se suponía que estaba perdidamente enamorado de su hermana Fabiana? ¿Por qué ni siquiera la estaba mirando?*
De pronto, Adriana notó algo en los ojos de Enzo. ¿Era burla? ¿Se estaba burlando de ella?
Sintió un nudo en la garganta. Si no fuera por la existencia de Fabiana, estaba segura de que Enzo habría caído rendido a sus pies. Y ahora, ¿se atrevía a mirarla con lástima?
Desesperada, miró a su hermana mayor, esperando que interviniera, pero Fabiana estaba hipnotizada, con los ojos clavados en Enzo. Lástima que él ni siquiera registraba su presencia.
—Máximo, Frida, si ya no hay nada más que hacer aquí, nosotros nos retiramos —anunció Ceci, cansada de perder el tiempo con el drama de las hermanas.
Máximo y Frida asintieron.
—Claro, pasen con cuidado —dijo Máximo, haciéndose a un lado de la entrada para dejarles espacio—. Y ustedes, si vienen a comer, pasen de una vez. No estorben en la puerta.

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