Enzo sabía que este chico no tramaba nada bueno.
—Ya te lo había dicho antes, no tengo nada que ver con ella.
No lo tuvo en el pasado, y no lo tendrá en el futuro.
Fabiana salió de la habitación privada y justo escuchó esa frase.
Se puso pálida.
Nunca imaginó que Enzo Ortega, quien la había tratado tan bien en el pasado y había sido su único consuelo en la preparatoria, diría unas palabras tan desalmadas.
Máximo notó la presencia de Fabiana y le hizo señas a Enzo con la mirada.
Enzo se dio la vuelta fingiendo que no pasaba nada y vio a Fabiana detrás de él.
—Enzo —murmuró Fabiana, mordiéndose el labio inferior para aguantar las ganas de llorar.
—Escuchaste lo que acabo de decir, ¿verdad?
Enzo consideró que, ya que Fabiana lo había escuchado, era mejor dejar las cosas claras de una vez por todas.
Fabiana se negaba a aceptarlo.
—Hace mucho que no nos vemos, ¿me acompañarías a comer algo?
—Recuerdo que en la preparatoria me llevaste a comer...
Aunque era invierno y hacía mucho frío, Fabiana llevaba ropa muy ligera.
No era que su familia no tuviera dinero para comprarle ropa, sino que su hermana le había quitado la suya.
La excusa fue que la ropa de su hermana se había mojado.
Fabiana se quedó aguantando el frío en silencio. Al salir de la escuela, sus padres recogieron a su hermana a toda prisa diciendo que la llevarían a casa de su abuela, pero se olvidaron de Fabiana en la escuela.
Enzo se ofreció a llevar a Fabiana a su casa y, de camino, pasaron por un restaurante y él la invitó a comer algo caliente.
En aquel entonces, Enzo incluso le prestó su chamarra a Fabiana, lo que provocó que se resfriara y terminara en el hospital con suero durante tres días.
Esos eventos parecían muy lejanos, pero cuando Fabiana los mencionaba, se sentían como si hubieran ocurrido ayer.
—Ya comí —respondió Enzo, rechazando a Fabiana.
—Solo acompáñame a comer un poco, ¿sí? —Fabiana volvió a estirar la mano para jalar la manga de Enzo.
Era un gesto que hacía con frecuencia en su época de estudiantes, y Enzo siempre se ablandaba al verla así.
Pero ya no.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana