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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 508

¿Entonces de quién era el dinero que gastaba?

—Parece que los rumores no son de fiar —la mamá del compañero miró a Lorena y luego a la pareja joven—. ¿Sus papás biológicos son así de jóvenes?

—Y esa mamá, parece extranjera, ¿no?

El compañero se quedó sin palabras: —Se nota a leguas que no son sus papás.

—Creo que es su tío. De la mujer no sé quién sea.

—Escuché que los papás biológicos de Cecilia fallecieron hace tiempo.

La discusión de la familia del compañero se repetía entre otros padres.

Sin embargo, lo que más comentaban era lo guapa que se veía la abuela con su vestido elegante.

Muchos les tomaron fotos para subirlas a internet; seguro se harían virales.

Raúl no podía quedarse todo el tiempo, así que solo Jenny se quedó acompañando a la abuela.

Pero tampoco podían estar paradas ahí todo el rato, así que decidieron ir al supermercado y a pasear por el centro comercial hasta el mediodía, para luego volver a recoger a Cecilia.

Justo cuando iban a irse, se encontraron con Arturo e Ivana, que venían a dejar a Delfina.

Originalmente, Arturo no quería ir porque tenía que trabajar, pero Ivana insistió mucho y Héctor también le aconsejó que fuera.

Era una actividad familiar de los tres; si se negaba, se vería mal.

Pero al llegar y ver que todos miraban a Lorena, a Ivana se le descompuso la cara.

¿Qué hacía esa vieja de pueblo viniendo también a acompañar en el examen?

Para colmo, Delfina y Arturo vieron a la anciana y se acercaron.

—Abuela —saludó Delfina.

Arturo también habló: —Señora, vino a acompañar a Ceci, ¿verdad?

—El sol está muy fuerte, ¿qué le parece si buscamos un lugar para tomar un té y las esperamos juntos?

—No es necesario, ya quedé con Jenny para ir de compras —rechazó Lorena directamente a Arturo.

Definitivamente no se las había comprado Cecilia, lo que significaba que la abuela tenía su guardadito.

Pero cuando ella vivía en el pueblo, nunca vio que la abuela soltara ni un centavo de más.

Se notaba que esa abuela Lorena nunca la había querido desde niña.

Si no, ¿por qué la almohada terapéutica, el restaurante La Belle Cuisine y las joyas nunca fueron para ella?

Delfina entró al examen sintiéndose cada vez más decepcionada y triste.

Lorena siempre supo que esa chica era de mente estrecha. Por más que intentó educarla desde pequeña, no logró enderezarla.

Los hechos demostraban que no eran de la misma madera; la educación no podía contra lo que traía en los genes.

Ella ya se había resignado hacía tiempo.

—Nosotras nos vamos —dijo Lorena al ver que Arturo seguía ahí.

Arturo no tuvo más remedio que verlas alejarse.

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