—¡Regresa ahora mismo! —ordenó Ivana con voz tajante.
Delfina se sintió muy incómoda.
Miró a Perla.
Perla puso cara de comprensión:
—Vete, tu madre debe estar preocupada por ti.
Cuanto más comprensiva se mostraba, más culpable se sentía Delfina.
Su madrina era tan considerada, ¿por qué su mamá no podía pensar un poco en ella?
Llamarla en ese momento la ponía en una situación muy difícil frente a Perla.
—Está bien —respondió Delfina, un poco molesta, y colgó.
Ivana se quedó mirando el teléfono, perdida en sus pensamientos.
No esperaba que la mocosa se atreviera a desobedecerla o a mostrarse renuente.
Delfina salió apresuradamente de casa de Perla y regresó a la mansión de los Ortiz.
Ivana la esperaba sentada en la sala, con el rostro serio.
—Mamá, ya llegué.
Delfina sentía que no había hecho nada malo, pero frente a la imponente presencia de Ivana, le faltaba valor.
—¿Ah, sí? ¿Ya te apareciste? —Ivana estaba realmente furiosa, así que su tono con Delfina fue áspero.
Antes, siempre había mostrado una cara sonriente, gentil y hermosa ante Delfina. Ese cambio repentino fue difícil de asimilar para la joven.
Sintió un nudo en la garganta y miró a Ivana con timidez:
—Mamá, ¿tienes algún problema con mi madrina?
Ivana soltó una risa fría:
—Problema... Ella intentó robarme a tu padre, ¿te parece un problema?
—Tú fuiste intercambiada por ella al nacer, ¿te parece un problema?
—Y ahora quiere acercarse a ti para quitarme a mi hija, ¿te parece un problema?
Las tres preguntas consecutivas de Ivana dejaron a Delfina aturdida.
¿Qué significaba eso de robar al papá? ¿Qué ella había sido intercambiada por su madrina?
—¡Fue ella quien destruyó tu felicidad y tu infancia!
Las palabras de Ivana golpearon los oídos de Delfina como martillazos.
No se atrevía a pensar que el intercambio no hubiera sido un accidente, sino algo deliberado por parte de su madrina. ¿Cómo podría volver a mirarla a la cara?
¿Era su madrina la culpable?
¡No, tal vez el culpable era su papá!
—¿Por qué haría eso la madrina? —Delfina no podía aceptarlo.
La única persona que la había tratado bien todos esos años, ¿se había acercado a ella con malas intenciones? ¿Todo había sido una conspiración desde el principio?
—¿Por qué más iba a ser? Por las aventuras amorosas de tu padre. Si no, ¿por qué crees que la odio tanto?
Ivana no tenía ninguna intención de proteger la imagen de Arturo frente a su hija.
Un hombre como Arturo no merecía que le guardaran las apariencias.
—Perdón, mamá, no sabía... —Delfina no supo qué más decir.
—Lo sé. Hasta que no veas las pruebas, no vas a creer lo que digo —dijo Ivana con cara de resignación.

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