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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1613

Cecilia llevó a Fabio a buscar el auto, mientras el doctor Acosta y Elías caminaban detrás, platicando.

El doctor Acosta se interesó por la vida universitaria de su hijo.

—Eli, ahora que estás en la universidad, ¿alguna compañera te ha confesado sus sentimientos?

—O dime, ¿ya hay alguna chica que te guste?

—No es que me oponga a que tengas novia, pero a tu edad deberías enfocarte principalmente en tus estudios.

—Y si decides salir con alguien, trata de que no afecte tus calificaciones.

El doctor Acosta se sentía un poco incómodo sacando el tema, después de todo, era un hombre adulto intentando hablar de sentimientos.

Pero antes de viajar, su esposa le había insistido en que tuviera una "charla de hombres" con su hijo.

Le dijo que Elías ya estaba creciendo, que tendría sus propias ideas, y que sería un problema si hacía alguna locura durante la universidad.

Era mejor dejar las cosas claras desde un principio para que él supiera a qué atenerse.

Si no le daba una advertencia ahora, ellos serían los primeros en arrepentirse si su hijo cometía un error.

—Y sobre todo, no te aproveches de ninguna chica —dijo el doctor Acosta, con tono solemne.

—Solo quiero que trates a las mujeres con el mayor de los respetos.

¿Elías?

¡Él ni siquiera tenía la intención de buscar novia y ya estaba recibiendo un sermón de educación emocional por parte de su padre!

—Papá, no tengo novia —aclaró Elías con paciencia—. Y por ahora tampoco hay nadie que me guste.

—Si alguna vez llego a enamorarme, te aseguro que la trataré con total respeto.

El doctor Acosta asintió, satisfecho:

—Me alegra que lo entiendas. Nosotros somos médicos; más que nadie, debemos saber que ciertos daños en el cuerpo de una mujer son irreversibles.

Al ver que a su hijo no le interesaba aquella chica entrometida que los saludó, el doctor respiró aliviado.

Esa chica tenía pinta de ser demasiado calculadora.

Él y su esposa vivían inmersos en el trabajo y no tenían paciencia para lidiar con personas así.

Ceci, en cambio, era encantadora, pero lamentablemente ya tenía prometido.

De nada servía que a él le cayera bien.

—Papá, puedes estar cien por ciento tranquilo, toda mi energía está enfocada en mis estudios.

No tenía tiempo para pensar en otras cosas.

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