¡Quién iba a decir que le regresaría la luz de esperanza tan rápido!
Mireya le dio un fuerte abrazo a Cecilia, quien se inclinó hacia atrás instintivamente.
—¡Ya no me abraces! ¡Apestas a puro sudor!
Si no lo hubiera dicho, igual y pasaba desapercibido, pero su comentario le cayó el veinte a Macarena.
Lanzando un grito, salió corriendo rumbo al baño:
—¡No, no, no, primero me tengo que bañar! ¡No soporto andar toda asquerosa!
Cecilia también planeaba regresar pronto, así que se apuntó como la segunda en entrar a bañarse.
Estella se formó como la tercera, y Mireya, como no tenía prisa por salir, quedó al último.
Se despidió una por una de sus tres compañeras desde la puerta del dormitorio y les pidió que no regresaran tan tarde.
Cecilia la tranquilizó:
—¡Tú no te preocupes, si no alcanzo a regresar te mando comida con alguien!
Mireya volvió a darle un abrazo fuertísimo.
—¡Ceci, te amo con toda mi alma! ¡Si fueras hombre, me casaba contigo!
A Cecilia le dio un escalofrío y se la quitó de encima rápido, apartándole los dedos:
—¡Ya, relájate, no seas malagradecida!
—Buá, buá, yo solo quería demostrarte mi cariño, ¡y tú que no tienes corazón! —lloriqueó Mireya.
—¡Sale, no necesito tener corazón! —Cecilia la hizo a un lado y se fue con actitud implacable.
Apenas bajó las escaleras, se topó con Martina y Teresa.
—¡Cecilia! —La llamó Martina al verla—.
Qué bonita te ves. —La halagó Martina sin titubear.
Cecilia traía puestos unos pantalones deportivos y una playera sencillos, pero con ese porte, cualquier cosa se le veía bien. Ver a una universitaria tan arregladita y de tez clara era un verdadero deleite para los ojos.
—Me acabo de dar cuenta de que casi ni te quemaste en el campamento, ¿verdad?
Martina se tocó las mejillas; a pesar de que se había puesto base de maquillaje para salir en la noche, no lograba igualar el tono de piel de Cecilia.
Martina de por sí era de piel clara; antes del campamento de novatos, su tono no le pedía nada al de Cecilia.
Pero ahora sí que se notaba una gran diferencia entre las dos.
—No broncearme es de nacimiento, es algo que no me puedes envidiar. —Al estar de buen humor, Cecilia se animó a bromear un poco con Martina.
Martina suspiró resignada:
—¡Ya me lo imaginaba! Pero qué bonito cutis tienes, ¿apoco ni te maquillas normalmente?


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